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Políticos de raza

Cuando hablamos de políticos de raza recordamos siempre a aquellos que supieron navegar entre la tormenta, liderar a un pueblo contra la adversidad y entrar con letras grandes en las páginas de la historia. Políticos como Chirac, Helmunt Smith o Aznar se quedan en el gris limbo de los funcionarios que timonearon tiempos de bonanza, que en realidad casi no necesitaban timonel.
cuatro.jpgAsí, recordamos con especial emoción a Adolfo Suárez, que atravesó una tormenta que finalmente lo arrastró personalmente, pero quedó en la historia porque hizo casi lo imposible, o Helmunt Kool, que se atrevió a desafiar la geografía unificando Alemania por su propios medios, cuando casi nadie creía en él. Son sonados también los casos de los dos Rooesevelt, el de un Adenauer que reedificó físicamente una Alemania destruida, y Churchill, que se hizo cargo del gobierno inglés en el peor momento de su historia moderna, hasta tal punto que en su discurso de entronización sólo prometió sangre sudor y lágrimas.
Hay políticos que se crecen ante la adversidad y sacan partido a los malos momentos. Ahora mismo vemos cómo Sarkozy y Brown sacan pecho en la tormenta finaciera, mientras Zapatero y Merkel se diluyen con cara de miedo en lás páginas de la historia. Ser presidente en las épocas de Hermoso, Román o Adán Martín era bastante menos complicado que ahora. Es ahora cuando hacen falta políticos de raza, que no quiere decir que los mencionados no lo fueran, pero no tuvieron ocasión de demostrarlo. Es Paulino Rivero el que tiene una oportunidad de oro para inscribir su nombre con letras muy grandes en la Historia de Canarias. Ojalá lo consiga, porque eso significará que ha sabido navegar con valentía en medio del temporal. Ojalá, y Zapatero también, que no a todos los políticos la historia les brinda una oportunidad tan clara.

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Venezuela

venezuela.jpgNo tengo ni idea de lo que diría Francisco de Miranda si viese por el agujero de una llave la Venezuela actual. Tampoco sé qué pensaría Bolívar, ni lo que dirían el sabio Andréz Bello, el insobornable Rómulo Bethencourt y el genial Rómulo Gallegos. El chavismo ha llegado a Venezuela por la urnas y se mantiene por las urnas, pero dicen que la mujer del César no sólo debe ser honesta, también debe parecerlo, y las bravatas de Chávez hacen que no sea un hombre creíble, porque sus payasadas televisadas quitan la razón al discurso igualitario que dice pretender el chavismo.
Y ahí está el problema, el chavismo, como el castrismo, el peronismo, el porfirismo, el sandinismo y todos los ismos latinoamericanos que se miran en un caudillo, esperando a alguien que venga en un caballo blanco a sacarlos de la miseria. La democracia es otra cosa, incluso puede ser lo que dicen los chavistas, pero sin Chávez, y no se puede invocar a las urnas cuando se dice en el Estado de Carabobo, donde nació la independencia, que si gana la oposición en las elecciones él, el caudillo, sacará los tanques a la calle.
Con respecto a Venezuela no creo a nadie, porque la fanfarronada vale lo que un barril de petróleo de Maracaibo, ayer a 140 dólares, hoy a la tercera parte. Con esas premisas no se puede esperar democracia, y lo que se colige de todo esto es que Venezuela está muy jodida, primero con los corruptos que la han vaciado durante décadas y ahora con los que dicen defender la igualdad.

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¿Un farol?

Veintiún aviones presidenciales volando hacia Washington, con tripulación y seguridad a bordo; docenas de habitaciones en los más lujosos hoteles a orillas del río Potomac; un despliegue de seguridad tremendo en la capital americana; centenares de diplomáticos, traductores, secretarios, camareros, cocineros y asesores… Tanto gasto para llegar a este resultado: un texto de una docena de páginas que me malicio estaba redactado con anterioridad.
g20.jpgComunicados oficiales no es precisamente lo que más me gusta leer, pero he hecho un esfuerzo, dada la supuesta importancia de asunto, y lo he leído detenidamente, buscando por algún recoveco alusiones a la economía productiva, llamadas a la responsabilidad de las empresas para que no se aprovechen de rum-rum y hagan engrosar las filas del paro o una sola palabra que destilase humanidad, ilusión o una brizna de esperanza. No se habla ni una sola vez de los trabajadores, no se menciona el desempleo, y hay párrafos y párrafos hablando de mercados financieros, órganos reguladores o gestión de riesgo.
Lo que se esperaba: capitalismo puro y duro, y a la economía productiva, que es la que crea riqueza, que la parta un rayo. Me queda la remota esperanza de que, en los maletines de la legión de técnicos y asesores que ayer nublaban Washington, haya informes en letra pequeña que contengan algo práctico, porque como no enseñen más cartas que ese mísero comunicado, esa reunión ha sido un farol.