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La guerra cobra su peaje

kandisnki.jpgEsta es una de las veces en la que que me gustaría no tener razón, pero cuando se está en una guerra es inevitable que tarde o temprano nos lleguen noticias tan tristes como la del fallecimiento de un soldado canario -uno de los nuestros- en un lugar muy lejano.
Ha sucedido, y con el respeto que merece el dolor de su familia, hay que rendir homenaje al caído -son las leyes de la guerra- y al mismo tiempo volver a gritar a nuestro gobierno que no queremos que nuestros jóvenes vayan a la guerra, que aborrecemos ser parte del dolor del pueblo afgano, que no queremos ser gregarios de nadie en la carrera por el dominium mundi. Hoy expreso dolor por la muerte de un joven, tristeza por la pasividad con que nuestra sociedad vive nuestra presencia en un país extraño y un enorme reproche a nuestra clase dirigente.

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Gerifaltes reunidos… Mosqueo

A los dirigentes mundiales les ha dado últimamente por reunirse por cualquier motivo. Antaño era una cosa muy especial que un jefe de estado o de gobierno visitase otro país, y mucho más improbable que hubiera media docena o más en el mismo salón. Ni siquiera sucedía en la Asamblea General de la ONU.
Es verdad que, si nos remontamos muchas décadas atrás, los transportes eran muy lentos, y sólo salían de su territorio por extrema necesidad, o dejaban sus tronos y marchaban a las cruzadas, aunque esto le costó la corona a más de uno, como Ricardo Corazón de León. Ahora van y vienen con cualquier disculpa, cumbres del clima, reuniones del G-20, cumbres iberoamericanas, designación de una ciudad olímpica…
z ciervo_0[1].jpg(Impresiona y da qué pensar la pasividad -y esas expresiones indolentes- con que Churchill, Stalin y Roesevelt deciden en la Conferencia de Yalta el futuro de millones de personas para varias generaciones)
Mirando hacia atrás, cuando varios dirigentes de distintos países se reunían, había que ponerse a temblar: En el Congreso de Viena se repartieron Europa, y luego volvieron a hacer lo mismo en Teherán y Postdam. Todos tenemos en mente la reunión de Yalta, en la que Churchill, Stalin y Roesevelt planificaron el medio siglo siguiente en Europa. Por eso, cuando veo a muchos Gerifaltes reunidos me empieza a oler a chamusquina.

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Obama sin careta

Quienes todavía seguían creyendo que el color de la piel del Presidente de Estados Unidos iba ser un factor determinante en un cambio de rumbo ya tienen la prueba de que no. Y es lo que he dicho siempre: los dos Bush y Clinton eran rubios, Nixon y Reagan morenos, Ford y Carter pelirrojos. Da igual, ha habido presidentes norteamericanos de todos los colores, incluso albinos. Se diferencian en detalles que a veces son importantes, pero finalmente, en lo grueso, actúan siempre en interés de ellos, ni más ni menos.
zbomban.JPGRecuerden si no al mediático Kennedy, todo un mito, mucho glamour y mucha Jacqueline, pero a la hora de la verdad puso a funcionar la cuenta atrás de las ojivas nucleares, y que si no llega a colgarse del teléfono Juan XXIII, llamando a Moscú y a Washington, estaríamos hace medio siglo en una nueva Edad de Piedra. Eso sí que era un Papa y un hombre de paz, al que, por cierto, aún no han hecho santo.
zjuan23[1].jpgEn conclusión, ni negro, ni mestizo, ni nada, Obama es otro presidente, uno más. Se ha quitado la careta en la Asamblea de la ONU, cuando ha dicho que no pueden dejar a Estados Unidos la responsabilidad de sofocar todos los conflictos del planeta, que hay que arrimar el hombro. Es decir, provocan las guerras por intereses territoriales, energéticos y de dominio, y ahora Obama quiere que participemos en la pacificación. Claro está, con ello se empobrecerán los demás y Estados Unidos saldrá más fuerte. Y Zapatero está tan hipnotizado por Obama como Aznar por Bush. ¡Ah! La UE… Sí, sí, ya verán cómo al final nos embarramos todos y crecerán los cuatro de siempre, porque en Europa Alemania, Francia y Gran Bretaña también conocen los pasos del baile.