Adelgazar las administraciones
Cuando se habla de adelgazar las administraciones públicas para generar menos gasto en plena crisis, siempre se piensa en suprimir personal, con lo que se genera paro, aunque tal vez el beneficio general sea mayor porque ese dinero crea empleo por otra parte. No lo sé.
Sí estoy seguro es de que hay dos capítulos en los que se podría ahorrar mucho dinero. El primero es el de las comidas de cargos y ayudantes de hasta cuarto nivel a cuenta del presupuesto, que se prodigan diariamente y que casi siempre son con mesa y mantel de altura. Hay comidas imprescindibles o aconsejables -las menos- pero es que ya se ha convertido en una costumbre inútil que cuesta mucho dinero al año.

El segundo capítulo es el de los viajes. Hay algunos que son necesarios -también los menos-, pero con el desarrollo de las nuevas tecnologías gran parte de ellos se ahorrarían usando una simple videoconferencia, con lo que no hay que pagar viaje, hotel y dietas al cargo y su cohorte. Tanta entrevista protocolaria y tanta presencia aquí y allá pueden ser sustituidas por la presencia virtual, y de esa manera se amortizarían de paso los costosos equipos técnicos que se han instalado en muchos edificios públicos.
A ver si lo entienden de una vez, carajo, esto es España, y aquí no se pacta nada. El consenso es de débiles, aquí se hace lo que yo digo a me salgo de juego. ¿Qué el país se va al abismo? No es mi problema, yo lo que quiero es mandar, controlar, tener la sartén por el mango. O no juego. Ahora me vienen con un Pacto por la Educación, ¡vaya mamarrachada! O con esa idea de que tenemos que salir de la crisis todos juntos. A mí la crisis me da igual, yo lo que quiero es ganar, y si el país se hunde la culpa siempre será de los otros por no haber hecho lo que yo digo. Aquí hubo una vez un consenso a finales de los años setenta, que ahora llaman Transición. Mira para lo que sirvió. Que esto es la España del Capitán Trueno, se trata de sostenella no enmendalla, y como decía el ratón caprichoso «sabe a jabón, pero es queso».
Decía hace unos días que El Reino Unido puede darle siete vueltas a cualquier país del mundo en cuanto al ejercicio real de la democracia, pero lo cierto es que en un larguísimo siglo las fuerzas se han convertido básicamente en dos, laboristas y conservadores. Los liberales siempre han tenido presencia parlamentaria, pero nunca han tenido opciones de poder más allá de ser el segundón de una coalición.