Poetas
Hace veinte años escribí estos versos, que ni siquiera recuerdo si publiqué en alguna parte. El caso es que al leerlos, en hoja volandera perdidos en medio de un libro, vi que eran más versos de periodista que de poeta. Tampoco recuerdo qué había sucedido que tanto me cabreó, pero siempre hay razones poéticas para indignarse contra quienes prostituyen la literatura. Hoy también. Estos son aquellos versos:
fue primer corazón que lastima la guerra,
hoy puede ser reloj que detuvo su hora,
vendido en el burdel que al dinero se aferra.
Se reparte la gloria, se cambian los honores,
se premia lo premiado y llueven las medallas,
muere la poesía en batallas de flores,
y la entierran envuelta en toga de canallas.
Quizá el pueblo que paga y tiene sentimientos,
desconfíe de los vates, falsos anacoretas,
pero como no escucha voces de descontento,
cree a los poetas dioses, chamanes o profetas.
Y al poeta sincero le han puesto una mordaza,
que aprietan quienes dicen amar la poesía,
poetas de casino, cada verso una baza,
venden lo más sagrado en vulgar simonía.
El poeta es el grito que libera la tierra,
dijo Agustín Millares, unánime poeta,
pero todo ha cambiado en esta vida perra,
y hoy poeta es el listo que se traza una meta.
El dios de los poetas, el mayor de La Tierra,
tendrá cara de amianto, qué digo cara: ¡jeta!
y ese traspaso comenzó en los años sesenta, lo que dio lugar al movimiento hippie y aquello de «haz el amor y no la guerra», que quedó reflejado en la ópera-rock Hair, de la que es muy conocida la canción Aquarius. Se decía en los años setenta que en cuarenta años acabaría el tránsito, por lo que ya hay quien habla de que esa idílica Era Acuario entraría definitivamente el 21 de diciembre de 2012, cuando otros aseguran que se acabará el mundo según los muchos agoreros habidos (Nostradamus, el calendario maya, la Gran Pirámide…) y sus intérpretes. A la espera de esta nueva era nacieron movimientos como el New Age, pero yo es que no veo por ninguna parte esa concordia y esa nueva escala de valores positivos que anunciaban. Nadie escucha a nadie, los dirigentes se vuelven locos por intereses personales, como el primer ministro griego, que por una jugada política personal puede hacer volar a Europa por los aires, hay agresiones sin justificación (ninguna la tiene, pero algunas se hacen por mero deporte). Es decir, está ocurriendo todo lo contrario de lo que llevan cuarenta años anunciándonos, y los más entusiastas de estos asuntos ya empiezan a cambiar el discurso, y de ser un nuevo tiempo de paz y armonía se están sumando al milenarismo del fin del mundo. Para colmo, en Canarias nos estalla un volcán.