Hacia la variante Omega

 

Para asunto científicos, se suele tirar del latín o el griego antiguo, seguramente para dar más lustre a los nombres de plantas y animales. Por ejemplo, si hablamos de un animal vertebrado, tetrápodo, lepidosaurio y lacertilio  quedamos como naturalistas informados, porque decir que se trata de un lagarto del barranco entre Tamaraceite y San Lorenzo queda poco serio. Y resulta que con el covid-19 (hubo una reunión de la OMS para bautizarlo) pasa lo mismo. Y se liaron con el alfabeto griego apenas apareció la primera mutación.

 

 

Ha habido más mutaciones y llevaban esa lógica alfabética hasta la variante Delta, y ahora aparece otro cambio, del que todavía no se sabe mucho, ni siquiera si surgió en Sudáfrica o fue descubierto allí. Y, claro, inmediatamente le colocan el nombre de Ómicron, otra letra griega, que no es la siguiente en el alfabeto, y tampoco nos han explicado con fundamento qué razones había para saltarse el orden, y dejan atrás un cuarto largo del listado. Otra cosa, ¿quién decide y por qué que una variante del virus se llama así o asao?

 

He leído que como, después de la Delta, vienen letras que podrían molestar a alguien, por su parecido fonético con nombres de gente poderosa, se las saltaron  y se decidieron por Ómicron, porque, si acaso, podría molestarse el escritor Lovecraft (Necronomicón), pero como lleva más de ochenta años muerto… Creo que quisieron ir avanzando en el listado para no alargar demasiado la pandemia, que ya empieza a ser cansina. Una opción sería llamar a la siguiente mutación Omega, la última letra del abecedario griego; tal vez se acabe el virus, porque ya no quedaría letras para nombrarlo. ¿Que no tiene sentido mi propuesta? ¿Es que hay algo que lo tenga en esta pandemia?

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