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De la incertidumbre a la desinformación

 

Después de tantos meses de pandemia, la palabra que trataba de definir nuestro estado de ánimo era incertidumbre, pero hemos llegado a un punto en que el concepto ya no nos sirve, porque estamos en la incertidumbre cuando ocurren cosas que no controlamos y no sabemos qué va a pasar en el minuto siguiente, pero la sociedad está involucrada en todos sus sectores y estamento en tratar de enfrentarse al problema. No es lo que está sucediendo, y el sentir general es de confusión absoluta, porque nadie sabe qué está pasando, qué estamos haciendo como colectividad y, no sé si han observado que, cuando hablas con alguien, ya la Covid no es materia de conversación, porque es como si hablásemos de la liga juvenil nepalí de un raro deporte asiático del que ni siquiera sabemos las reglas. Como no sabemos de qué hablamos, pues dejamos el asunto.

Así que, en un tiempo en que hay más medios de comunicación que nunca, vivimos en la más absoluta desinformación. Desconozco cómo lo viven en otros países, algunos que suelen tener la soberbia de sentirse muy organizados y van dando lecciones continuamente. Cuando ves los números de fallecimientos, contagios y hospitalizaciones, te das cuenta de que sus cifran también son abrumadoras. España tiene diecisiete autonomías y un gobierno central, del que dependen muchos organismos que intervienen en la lucha contra la pandemia, entre ellos un ministerio de Sanidad que casi se estrena, porque todas las competencias sanitarias llevaban décadas transferidas a las comunidades autónomas. Entiendo que ante un desafío de esta envergadura puede haber errores, pero se entenderían porque quienes están al mando son humanos y también todo esto es nuevo para ellos. Pero para que esa confianza surgiera, tendría que haber información y transparencia, y hacer POLÍTICA sanitaria con mayúsculas, que es justamente lo contrario de lo que vivimos cada día.

La conclusión es que falta liderazgo, un sistema que funcione coordinado y con claras justificaciones de cada decisión que nos afecta. No se puede hacer politiquerías con una enfermedad, y mucho menos con miles de muertos que ya parece que tampoco importan. Hay cosas básicas que entendemos, pero otras no, porque en la misma situación se actúa de distinta manera en unos territorios que en otros. Horas y horas de debate en los medios audiovisuales, millones de palabras en los medios escritos, y siempre se da vueltas sobre la noria de que lo que dice el partido contrario es un error, y la culpa de cualquier asunto la tienen siempre el otro. Lo que hacen los nacionalismos históricos es tan vergonzoso como el juego de martirologio que está representando la comunidad de Madrid. Y la ciudadanía ya no sabe qué pensar o hacer, porque depende hasta de en qué barrio vive.

Primero íbamos a salvar el verano de 2020, luego el Black Friday, el puente de la Constitución y las Navidades. Sabíamos que estas reuniones familiares y privadas y las aglomeraciones darían como resultado un aumento claro de los contagios, y ahora se lamentan de que estamos en la tercera ola, pero se proclama que hay rebajas, y veo movimientos (atenuados, eso sí) alrededor de los Carnavales, y luego querrán salvar la Semana Santa. Pues todo ha resultado en vano, porque con la obsesión de salvar la economía al final ni una cosa ni la otra. No sé la solución, ya digo que mi sentimiento no es de incertidumbre sino de desinformación.

Luego está ese sector de desaprensivos, que pasan por encima de normas tan básicas como el uso de la mascarilla o guardar la distancia física. Fiestas, botellones, celebraciones varias, y cuando llega cualquier cuerpo de seguridad a parar el festejo se van contra los agentes con violencia. En determinados sectores, se ha llegado a un punto cercano a la locura colectiva, aunque no son locura sino clasismo esas fiestas de postín, previo PCR, porque piensan que quienes tienen dinero pueden estar por encima de cualquier peligro. Y no. Luego marean la perdiz con los plazos de vacunación, y el propio Presidente del Gobierno dijo la semana pasada que en el verano estaría vacunado el 70% de la población, pero los números no salen, ni los de fabricación de los viales ni los de la administración a la ciudadanía. Dígannos la verdad y así vamos sabiendo a qué atenernos, porque hasta hay confusión en el orden de vacunación de los diversos grupos. Ese es el liderazgo que necesitamos, no el de dieciocho poderes superpuestos y ensoberbecidos.

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