DIARIO DE CUARENTENA. Jornada 37: Una sonrisa nueva. (20/04/2020).
He caído en la tentación de ver unos minutos de informativos, en los que se hablaba de las pruebas de una vacuna en humanos en el Reino Unido, y cuando se encendía la luz de la esperanza dan una entrevista en la que alguien que supuestamente sabe de eso empezó a poner una ristra de objeciones sobre una posible vacuna, su proceso de fabricación y la administración a la población. Me pareció que se lo pasaba muy bien desanimando a la gente, y es que hay personas que disfrutan creando miedos. No son inocentes los medios que dan voz a quienes gozan alarmando. Dejemos que trabajen los científicos y esperemos que todo vaya bien, no hay otro camino. Por otro lado, los políticos españoles no están actuando a la altura de las circunstancias. La política en estos momentos no puede ser partidista, ha de pensar en toda la gente y no en sacar rentabilidad para siglas o proyectos políticos. No es humano, ni lógico, ni práctico; y lo digo por unos y por otros. Esta semana el tema central va a ser lo que han llamado “la desescalada”, como si hubiésemos subido una escalera que ahora tenemos que bajar.
Cuando salimos a la ventana ayer por la tarde, vimos en uno de los pisos de enfrente a una chica que suele asomarse junto a su madre, pero que a veces no está. Pensábamos que tal vez sería porque hacía algo inaplazable o que debía estar en otro lugar. Y, efectivamente, esa es la respuesta, porque hoy hablamos de ventana a ventana y supimos que es enfermera en el Hospital Insular. Cuando no está es porque tiene turno de trabajo en primera línea. Le preguntamos qué tal le iba y nos respondió con un “bien” y una enorme sonrisa. Está claro que las personas que trabajan en la Sanidad por vocación están hechas de una pasta especial. Hoy nos hemos llevado una sonrisa nueva, que nos da tranquilidad porque sabemos que, pese a quien pese, estamos en buenas manos.
Tardó en aparecer en su ventana la familia de Sofía y Diego. Por un momento pensamos que iba a ser decepcionante que no estuvieran. Nos pareció una eternidad el medio minuto que se retrasaron, pero, apenas empezaron a sonar los aplausos, salieron a toda prisa, seguramente porque estaban ocupados en otra cosa y los pilló el reloj. Hoy Sofía aplaudió por primera vez y se retiró saludando risueña. Sus padres deben haber entendido que sus hijos son la luz de la calle, y los vecinos le agradecemos el esfuerzo de cada tarde. Buen día.