Cuarentena y más
Metidos ya casi en la cuarentena de confinamiento (se cumplen el jueves los cuarenta días), vemos que el nombre es teórico por tradición, porque en esta ocasión está claro que se superarán esos números y ya veremos cómo se va realizando lo que ahora llaman desescalada (menuda palabrita), que va a ser muy lenta y que va a estar presidida por unas medidas de precaución tremendas. Lo que antes llamábamos vida normal ahora se nos antoja un recuerdo dorado y un deseo de futuro que se ha convertido en el prioritario de toda la población, y no es necesario hacer encuestas para corroborarlo.
“¿Cómo estás?” es la pregunta más socorrida en estas semanas. Las llamadas a la familia y las comunicaciones de todo tipo con amigos y conocidos empiezan así y terminan con un “cuídate”. La cuestión es que podemos estar mintiendo sin querer, o por lo menos lo que contestamos es una aproximación a una verdad subjetiva; como no se hacen pruebas a toda la población, la gente contesta de oído, nunca hay seguridad, ya que cada día salen nuevos datos sobre los tiempos de incubación. Y la recomendación de cuidarse es también muy ambigua, porque tampoco nadie tiene muy claros los muchos protocolos que recomiendan aquí y allá sobre salidas, ropa, limpieza, mascarillas, etc. Quien diga que todo esto no le produce estrés no es consciente de la situación, y eso al final pasa factura.
Dedícate a leer, dicen unos. Veo que hay mucha gente que en estos momentos está leyendo y releyendo obras que tenía pendientes, o que un día le gustaron mucho, pero no me negarán que la lectura necesita ahora un sobreesfuerzo mental de concentración, porque, aunque estés en otras cosas durante el día, la pandemia es como una permanente piedra en el zapato que lo mediatiza todo. En cuanto a escribir es todavía más duro, sobre todo si se trata de hacer creación, porque cualquier situación novelesca que se te ocurra para meter en el libro que estás escribiendo te parece una nimiedad comparada con la realidad que nos rodea. Y así tratamos de ocupar el tiempo, confiados en que quienes tienen las responsabilidades públicas estén haciendo lo más correcto. Canarias es una de las comunidades que tiene mejores números, y habría que aprovechar la insularidad para tratar de hacer las cosas lo mejor posible.
Ahora, con los nuevos pasos que van a darse, también hay distintas opiniones, y siempre aparece en el fondo la dicotomía entre salud pública y economía, porque escuchas al Presidente canario que dice que el hambre también mata y no sabes muy bien qué significado tiene ese mensaje. Lo que hace falta ahora es que se tiendan puentes sobre el socavón inesperado que ha aparecido, porque dicen los especialistas que esta no es una crisis como la de 2008, y el horizonte de recuperación es más inmediato. Lo que sí está claro es que se avecina un tiempo complicado, pero hemos de dar la talla como sociedad, porque nuestros factores económicos siguen ahí, y cuando se normalice la situación recordaremos estos meses como un mal sueño, porque hay capacidad para remontar.
Tenemos que ponerle coraje como ahora mismo hace la gente de Sanidad, de los supermercados, de los servicios públicos y los trabajadores que cada día salen a la calle para que todos podamos seguir adelante. A estas personas tan animosas hay que proporcionarles la máxima protección, qué menos. Debemos reconocerles la valentía que ahora necesitamos todos, y pedir que se controlen los abusos en los precios, que siempre hay quienes se aprovechan incluso en las situaciones más dramáticas. Y, por supuesto, un recuerdo a quienes ahora mismo están hospitalizados luchando contra el virus y a las familias de quienes no han logrado superar la enfermedad.