DIARIO DE CUARENTENA. Jornada 24: Sofía también pide mi nombre. (07/04/2020).
En este cuarto creciente, casi llegando a la Luna llena del Viernes Santo, vienen los recuerdos de años pasados en los que la Semana Santa era una ocasión para realizar algún viaje corto, acercarse a la playa (muchas veces era el bautismo de sal de cada año) o simplemente pasear por las ciudades que quedaban como en ralentí, aunque nada que ver con el silencio total de este año. Estoy seguro de que habrá quien tire de archivo fotográfico y rememore algunos de estos episodios, o el tradicional sancocho familiar o entre amigos del Viernes Santo, que en el futuro tendrá rango de gran fiesta, porque será la certificación de que habremos superado esta crisis sanitaria.
Luego está la tradición religiosa, que para mucha gente es muy importante, y que es, junto con la Navidad, una de las mayores manifestaciones externas del Cristianismo. En nuestra cultura, la Semana Santa no es solo patrimonio de los creyentes, porque hay vertientes que tienen que ver con el arte y con la conformación de la historia de nuestra sociedad. Por eso estos días pasados en confinamiento tienen una especial dureza para muchas personas, que vivían estas fechas como algo fundamental en sus vidas. Como en todo lo demás, tendrán que sacar fuerzas y vivirlas de una manera distinta.
Sofía quiere abarcar como es debido lo que ven sus ojos. Si anteayer se empeñó en conocer el nombre de mi compañera, ayer quiso saber también el mío, porque tal vez quiera tener los nombres de las nuevas personas conocidas como enganche con el que conectar cada tarde con el mundo exterior, que en su caso, como en el nuestro, se limita al frontis del edificio de enfrente. Ya tenemos una nueva amiga, con todas las presentaciones y los protocolos, y esperamos que en un futuro cercano podamos cruzarnos con ella por la acera de nuestra calle. Así que en este martes de Semana Santa esperamos a las siete de la tarde para ver de nuevo a nuestra nueva amiga Sofía. Buen día.