DIARIO DE CUARENTENA. Jornada 10: Valor y precio (24/03/2020).
Tengo entre las manos la nueva novela de José Luis Correa, Las dos Amelias, undécima de la saga del detective Ricardo Blanco. La literatura de Correa parece de evasión, lo cual por sí misma estaría bien, pero en realidad sus historias detectivescas son la disculpa para entrar en asuntos de mucha envergadura. Este vez se trata de adentrarnos en ese mundo virtual de Internet, la fama de las llamadas “Influencer” y el espacio público que ocupan con solo hacerse una fotos y decir qué han desayunado. Y esta es solo una parte, porque ya la telebasura nos da famoseo que genera por lo visto mucho dinero. Mientras, investigadores necesarios cobran miserias, nadie los conoce (ni ellos lo pretenden) y muchos se van fuera. Tal vez sea una de las cosas que cambien después de esta crisis.
El famoseo hace que se pierda de vista el verdadero valor de las cosas. Entre las personas fallecidas en esta pandemia está Lucía Bosé, a la que los medios identifican como “la ex esposa del torero Luis Miguel Dominguín y la madre de Miguel Bosé y Paola Dominguín”, como si ella no tuviera valor por sí misma. Lucía Bosé es una de las grandes del cine italiano, español y europeo; pertenece a esa hornada de actrices italianas que surgieron a finales de los años 40 y principios de los 50, como Sophia Loren, Silvana Mangano, Alida Walli o Gina Lollobrígida. A sus 16 años era dependienta de una pastelería de Milán y cuando Visconti entró a comprar castañas confitadas se prendó de ella y la convirtió en su musa. Trabajó a las órdenes de los mejores directores de su tiempo, desde Fellini a Buñuel, De Santis, Emmer… Comedia, drama, siempre bellísima y actriz; a las órdenes de Juan Antonio Bardem protagonizó Muerte de un ciclista, sin duda una de las mejores películas de la historia del cine español. Por eso, sin desmerecer las carreras de sus hijos, Lucía Bosé solo necesita su nombre para identificarla en su grandeza. Se ha ido entre el ruido que es silencio a la hora de despedir a los muertos, pero quedará siempre su gran aportación al arte cinematográfico. Descanse en paz.
Y es de esto es de lo que en el fondo trata la novela de Correa, de la confusión entre valor y precio, pero les aseguro que, además, van a pasar unas horas muy entretenidas leyendo; ahora que no podemos salir, el novelista nos paseará por las más conocidas calles de Las Palmas de Gran Canaria, como es su costumbre, que ahora los lectores apreciarán más. Ánimo, seguimos adelante.