El tiempo de los inútiles

Me dirijo a los representantes parlamentarios y a todas las instancias políticas de nuestra sociedad, que suponemos democrática, y muy especialmente a los señores Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias, que encabezan las cuatro fuerzas mayoritarias en el Parlamento.  Trataré de expresarme de manera muy básica y clara, para ver si así me entienden los dirigentes de España, que tienen la cabeza y el país empantanados. Es que tengo la impresión de que viven una realidad paralela de fantasía, con superhéroes o ninfas de los bosques, que creen estar en una sala de juegos y que cuando quieran podrán parar. No demuestran ni un ápice de cordura, de racionalidad, de interés por enfrentarse a los muchos problemas que nos amenazan, y empiezo a pensar que es que en su mundo de ficción no hay un solo agujero por el que pueda entrar la realidad. Les cuento:

Por si no son conscientes de ello, vivimos desde 2015 una etapa de provisionalidad en la que cualquier  camino se vuelve intransitable, porque si antes los bloqueos, los cordones sanitarios y los “no es no” se movían en torno a Rajoy, ahora lo hacen alrededor de Sánchez. Pero seguimos igual de atrapados en el mismo charco. Les recuerdo que cuatro años es mucho tiempo en política, una legislatura, y en los días que corren, en los que es una moda imponer plazos, cuatro años es una eternidad. Nada ha ocurrido en más de mil quinientos días, y la prueba es que escuchas las recurrentes tertulias o lees las informaciones y es como el día de la marmota, un déjà vu eterno. Pero el tiempo corre aunque ustedes sigan en su ludoteca, y cada día que se retrasa se hace más complicado acometer ciertas decisiones.

Seguimos “en funciones”, detenidos en esta esquina de la historia. Ha habido una moción de censura, se han convocado elecciones, pero de nada ha servido. Ahora se cierne sobre esta quietud una nueva convocatoria, que según parece tampoco va a arrojar mayoría claras, y si la capacidad para dialogar va a seguir siendo la misma, nos encontraremos en diciembre de 2019 viendo la misma tertulia de televisión que en diciembre de 2015. Cada partido, y con singular empecinamiento los dirigentes y sus guardias pretorianas, sigue con su inamovible discurso y su posición numantina. Hacer política consiste en dialogar, negociar y habitualmente partir la diferencia para poder seguir adelante. Pero eso parece que no funciona así en su insondable juego suicida.

Seré concreto, para que se hagan una idea de cómo están las cosas en el mundo real. España no acaba de salir de la crisis de 2008, aunque las macrocifras parecen buenas, pero mucha gente sigue quedándose en el camino. Hay sobre la mesa temas de primer orden: salarios, relaciones laborales, fiscalidad, migraciones, pensiones, recuperación de derechos perdidos en la crisis, desempleo o precariado… La lista es interminable, y en algunos asuntos, como la Igualdad, se ha retrocedido, porque sí que han pasado cosas, la mayor parte negativas, que se perpetúan porque no se acometen soluciones. Dejo aparte tres temas, que llamo papas calientes para no ser tremendista; una es la reforma de la Constitución, que se ha quedado muy atrás en esta nueva sociedad de la información y en el equilibrio territorial; otra es Cataluña, un asunto que en próximos meses puede envenenarse con las sentencias pendientes; la tercera es el cambio climático, pues ya han visto el tamaño del granizo o la furia con que arden los bosques. Y hay que afrontarlo todo, con un gobierno de verdad y un parlamento operativo.

Por si fuera poco, la UE no acaba de imponerse por encima de las conciencias nacionales. Si lo del Brexit ya es por sí solo un asunto de enorme envergadura que nos afectará a todos, vienen más curvas, como esa posible recesión que algunos anuncian, la guerra comercial USA-China que nos pilla en medio, el crecimiento de movimientos ultraconservadores o el cada vez más amenazante papel de Rusia. Como ven, tarea les sobra, y les digo que es hora de que dejen de fantasear con sus jueguecitos estériles. España necesita un gobierno pragmático y un parlamento operativo (traduzco: capaz de negociar y pactar), y les recuerdo que ya lo elegimos el 28 de abril. No nos manden otra vez a las urnas, hagan ya lo que necesariamente tendrán que hacer después de esas elecciones con que nos amenazan, o de las siguientes, que ya los creo capaces de todo (o más bien incapaces). Les aseguro que retrasarlo cuatro meses, en las actuales circunstancias y con semejante escaleta, es un lujo que no podemos permitirnos. ¿O quieren ustedes, TODOS, pasar a la historia como los dirigentes del tiempo de los inútiles, que hicieron que España perdiera su última oportunidad de ser un país razonablemente normal?

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