Economía, autogobierno y avaricia

Desde que, la semana pasada, el nuevo Estatuto de Autonomía fue publicado en el BOE y por lo tanto entró en vigor, llevo dándole vueltas a todo eso de las ventajas que para Canarias tiene que las decisiones importantes se tomen más cerca. Oigo pregonar a los cuatro vientos que tendremos más autogobierno y que la representatividad será mejor porque ahora habrá setenta diputados. Todo suena a música celestial porque siempre es importante que rijan los destinos de una comunidad aquellos que la viven y sienten, porque el mito de que Madrid no se entera es una realidad comprobada. En consecuencia, tendría que estar contento.

IMG_20181108_160652.jpgPero, ¡ay! Echo la vista atrás y lo que veo en estas tres décadas y media no me tranquiliza. A medida que ha ido pasando el tiempo, los poderes económicos de Canarias se han ido afianzando en su control de la política, y ya da igual quien gane las elecciones, siempre gobierna el mismo partido, unas veces con el apoyo de un lado y otras con el de otro, y durante años ha sido una mesa de tres patas que necesitaba dos para sostenerse. Como las posiciones de dos de ellas se tornaron irreconciliables, la tercera siempre ha gobernado con el bastón de mando, y últimamente hasta lo ha hecho sola. Uno se pregunta cómo es posible que los otros se lo permitan, y la deducción es que están en el mismo barco y les toca hacer de grumetes. En las últimas elecciones entraron nuevas fuerzas en el Parlamento, pero ni se notó, como no fuese para que una de las ellas agachara también la cabeza. Es decir, ni con cuatro, ni con cinco, ni con seis patas en la mesa cambia el que reparte la baraja.
Y ahora nos dicen que va a haber una nueva circunscripción electoral autonómica que por lo visto resuelve el desequilibrio que hay en la representatividad por aquello de la triple paridad, que es una mentira que nos hemos tragado y que finalmente nada resuelve. Porque si los escaños proceden de una u otra isla, se supone que el Parlamento trabaja para todo el Archipiélago, y si ahora ese desequilibrio disminuye, sigue siendo abismal la diferencia en el valor de los votos de los canarios según dónde vivan. El caso es que Canarias está en la cola de todos los baremos, y el de la desigualdad social y la pobreza es alarmante. Que haya nueve diputados más o que sean de aquí, de allá o de la Patagonia no resuelve el problema si no se legisla y se gobierna pensando en la gente sino en quienes pagan las campañas electorales.
Se toman las decisiones más cerca. Cierto, pero no parece que se tengan en cuenta las necesidades de esta tierra, solo los deseos de quienes tienen el dinero y quieren más. Como se ha dicho en estos días refiriéndose a las políticas de las grandes potencias con el Tercer Mundo, esto no es economía, es avaricia. Hay dinero para disparates clamorosos y no para atender las dependencias; sanidad, la educación o incluso la seguridad han pasado de ser un servicio fundamental a convertirse en negocio de unos pocos; se gastan pastizales de dinero público en promoción turística y quienes recogen la cosecha esa lluvia de millones pagan salarios exiguos, y se echan manos a la cabeza por una raquítica subida de salarios. El argumento que se aplaza es que hay que diversificar la economía, pero no se dan pasos en esa dirección, y da risa ver cómo en los presupuestos de 2019 se asigna a cada una de las universidades públicas canarias 250.000 euros en I+D+I. ¿A quién quieren engañar? Y nos ponen la zanahoria con el 75% de rebaja en los viajes de los residentes, y al final todo sale de las arcas comunes y acaba en el bolsillo de las grandes corporaciones, en este caso las compañías aéreas, que se despachan a gusto con los precios. Y con todo esto sobre la mesa, se vanaglorian de que tenemos un autogobierno magnífico. La pregunta es ¿para quién?
La demostración de que solo se gobierna pensando en grandes cuentas de beneficios son las muchas decisiones que se han tomado o se quieren tomar. Se ha demostrado o hay informes de que son pan para hoy y hambre para mañana, desde el empecinamiento en las gasificadoras en una tierra con obvias posibilidades de profundizar en energías limpias y con costes menores, hasta trenes, teleféricos o macromuelles, que, aparte de ser ocurrencias interesadas y dañinas para el paisaje que pretenden vender, si llegasen a funcionar necesitarían otras infraestructuras de comunicación que devorarían territorio en islas donde lo que escasea es el espacio. En los últimos 35 años se ha perdido una oportunidad histórica para crear prosperidad colectiva, y temo que el nuevo Estatuto ponga más decisiones vitales en manos de los depredadores sociales. El autogobierno es efectivo cuando se ocupa del bienestar colectivo, cuando prioriza a las personas, cuando escucha la voz de la razón. Pero aquí no se escucha a la gente, y los tribunos se envalentonan porque creen que con unos carnavales, dos paseos ciclistas urbanos y cuatro maratones entretienen a la plebe y dejan tranquilos a los patricios para que sigan engordando su avaricia.
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(Este artículo fue publicado en la edición digital de Canarias7).

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