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Sira color de acuarela

sira11.jpgComo diría el poeta Miguel Hernández, en Gran Canaria, su isla y la mía, se me ha muerto como del rayo mi amiga la gran artista Sira Ascanio. Fue siempre una mujer singular, que vibraba escuchando Piensa en mí cantada por Luz Casal, metiéndose en las abstracciones de Kandinsky, que coleccionaba copas de cristal y amigos, que sufría por este país machadiano de charanga y pandereta, que en otra vida de ficción fue Ginebra en Camelot o decía que tal vez un pez o un delfín (yo creo que una sirena), esa mujer se ha ido dejando un rastro de luz que se le escapaba en todo lo que hacía. Por cronología, por postulados estéticos y por contenidos vitales, debiera figurar en la generación del setenta, pero entonces la vida personal la absorbía, asunto crónico por desgracia en las mujeres. Continuar leyendo «Sira color de acuarela»

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La vergüenza de pensar

Creo que hemos entrado en una dinámica en la que ya se presume de odiar el conocimiento, el pensamiento y la sensibilidad. Es el resultado de una estrategia perfectamente diseñada desde hace décadas y que ha llegado a su plenitud. Aunque hoy las nuevas tecnologías parecen haber desplazado teóricamente a la televisión, al final los móviles y las tablets son pequeños televisores, y todo lo que sucede en las cadenas generalistas se repica en las redes sociales, por lo que viene a dar igual el número de televidentes porque luego eso se repetirá en las redes sociales hasta que todo el mundo conozca la nueva barrabasada que servirá para desmovilizar las mentes y continuar con el embrutecimiento de unos y el enriquecimiento de otros.

DSCNtyo.JPGPor motivos personales, he estado varias semanas metido en casa, y como uno no puede estar permanentemente leyendo a Shopenhauer, la radio y la televisión han sido mis escapes. Ya lo sabía, pero vivirlo ha sido deprimente. Continuar leyendo «La vergüenza de pensar»

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¿Expedientes X o simple avaricia?

No soy vidente, tampoco tengo el cociente intelectual de Mozart, Hedy Lamarr, Einstein o Mae West, ni tengo acceso a informaciones privilegiadas que podrían alumbrarme el camino. Es decir, soy un tipo normal, como lo son las personas de mi entorno, con las que hablo y veo que llegan a las mismas conclusiones que yo. Y, claro, me pregunto cómo es posible que quienes tienen esos datos, saben mucho o se rodean de gente muy diplomada tomen decisiones disparatadas. Como botón de muestra valga que, cuando se celebró la Expo de Sevilla, hubo inversionistas que metieron miles de millones en construir hoteles lujosos que se llenarían durante los seis meses que duraba el evento, tiempo claramente insuficiente para amortizar. Se acabó la Expo y casi todos fueron a la quiebra. Tampoco lo entiendo, si la gente como yo ve de lejos que las cosas iban a ser así, ¿cómo es que grandes grupos empresariales no lo vieron?

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