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El color de la vida


Foto0325ecala.JPGEste año hemos dejado muchas cosas atrás, pero un optimista diría que las llevamos por delante. Seamos, pues optimistas, pero no por lo que digan unos o contradigan otros, sino por nosotros. Hay palabras que se han gastado de tanto sobarlas en una escalera de bajada al sótano del egoísmo: elecciones, Cataluña, debate, pacto, democracia, Estado, libertad, justicia… Son grandes conceptos, pero los están malversando. Ojalá en 2016 renazca la verdadera dimensión de esas palabras, que son muy grandes si se ajustan a su esencia. Mientras recuperamos el tono muscular de la convivencia, a lo mejor sería bueno ir subiendo por otra escalera de palabras como sosiego, cordura, lealtad y una lista de términos que acaban igual porque contienen a los demás en su conjunto como entidad que respira: amistad, solidaridad, colectividad, generosidad… Hay que recuperar ese color que nos hace mejores, el color de la vida. Entremos sin miedo al Año Nuevo, sin más líneas rojas que las del dolor ajeno. Gracias por pasar alguna vez por este impenitente blog y buen año 2016.

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Nacionalidad y otras chapuzas

222dd4 5tgf.JPGPor muchos diccionarios de Lengua, Historia y Sociología que he consultado durante años, nunca la palabra “nacionalidad” aparece con el sentido que la política del miedo le otorgó en la Constitución española de 1978. La nacionalidad es inherente a los miembros de una nación, por origen o adopción. Se tiene la nacionalidad alemana por pertenecer a Alemania, pero Alemania no es una nacionalidad, sino que la nacionalidad la poseen los alemanes. Alemania es una nación. Por muy sacralizado que esté el término “nacionalidad” en la Constitución, es una aberración lingüística, nacida para alcanzar el consenso entre ruido de sables. Canarias es una nación, o no lo es, según criterios; nacionalidad desde luego no lo es, aunque lo ponga el Estatuto, y seríamos los canarios los que podríamos atribuirnos la nacionalidad canaria, en el caso de Canarias fuese una nación, si nos dejamos de monsergas y llamamos a las cosas por su nombre. Nacionalidad es una incorrección, y por tanto su valor político equivale a una chapuza. Tengo una enorme curiosidad por ver qué moto van a tratar de vendernos con las trapisondas que se amontonan en los telediarios, aunque hay que reconocer que la inventiva de los pregoneros de crecepelo de la política no tiene límites.

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Mitos falsos


Con motivo del centenario de la publicación de La metamorfosis (1915) me vienen a la memoria los mitos mil veces repetidos sobre algunas figuras del arte, la música y la literatura que, aunque hay matices que pudieran acercarlos a ser creíbles, no se ajustan a la realidad. Hemos oído hasta el cansancio que Kafka no publicó en vida, que toda su obra es póstuma, que Van Gogh pintó unas pocas decenas de cuadros y que solo vendió uno a su hermano Teo; o que Rossini compuso toda su obra antes de los 25 años, y cuando consiguió una cumbre operística como El barbero de Sevilla, se retiró y no escribió una sola nota más. Como dicen contradiciéndose en el significado los rimbombantes voceros hispanoamericanos, todo eso es “falso de toda falsedad”, aunque en este caso valdría con decir que no es verdad.
20140808_uuuuu.JPGEs cierto que los tres trabajos largos de Kafka, entre ellos El proceso, y otros escritos quedaron inéditos a su muerte, y luego viene toda esa historia legendaria de que su amigo Max Brod faltó a su palabra y los publicó. Es cierto lo último, pero antes de morir, Kafka había publicado mucho, en revistas, semanarios y en formato libro, cuentos, artículos, teatro y nada menos que la novela corta La metamorfosis, que vio la imprenta (1915), nueve años antes de su muerte (1924). Es decir, el mito de un Kafka absolutamente inédito es falso.
Con Van Gogh pasa lo mismo: pintó centenares de obras (en sus últimos dos años hay catalogadas más de 500), expuso en importantes exposiciones colectivas con críticas y apoyos de Artaud o de Tolousse-Lautrec, y hay documentadas ventas de cuadros suyos en vida, no muchos, pero desde luego más de uno. Tampoco es verdad que se cortara una oreja, solo le faltaba el lóbulo, no la oreja entera.
Rossini es otra muestra de los falsos mitos. Es verdad que compuso El barbero de Sevilla cuando tenía 25 años, pero después compuso muchas partituras, entre ellas 22 óperas, algunas tan importantes como Semiramide, Moisés en Egipto o Guillermo Tell, que esta sí que fue la última. Tenía 37 años, no 25. Por razones que se discuten, no compuso más, unos dicen que por su precaria salud, otros porque las condiciones políticas no lo permitieron, y aun otros que porque había hecho una gran fortuna y se dedicó a la buena vida; el caso es que murió casi 40 años después sin crear una mísera corchea más. En este asunto, Rossini sigue siendo un misterio, pero el mito tal cual circula por ahí es falso, como los dos mencionados y tantos otros que acaban tomando carta de naturaleza. Cuando se alude a Cervantes como “El manco de Lepanto”, hay quienes creen que no tenía brazo, y así aparece incluso en algunas ilustraciones; tenía el brazo izquierdo inutilizado por una herida de guerra, y por esa causa puede llamársele manco. Aunque no le servía para nada, Cervantes siempre conservó el brazo izquierdo. Mito falso.