Sobre el pensamiento y la escritura

zzrodin3434.JPGPodemos preguntarnos por la eficacia mental de la escritura, puesto que aparentemente es un monólogo unidireccional. El pensamiento se construye con lenguaje y el lenguaje crea pensamiento. Se ha dicho siempre que solamente se aprende cuando se escucha y que quien habla mucho poco aprende porque se supone que lo que dice ya lo sabe. No es cierto; las conversación es un mecanismo en el que dos interlocutores (o más) reciben estímulos de lo que dicen los otros y hace que al construir con lenguaje la respuesta se generen conclusiones que de otra forma no llegarían. Incluso se ha llegado a criticar la verosimilitud filosófica de una obra de arte tan conocida como El pensador de Rodin, porque un hombre sentado y reflexionando no suele llegar a nuevos pensamientos por sí solo sin la confrontación con el pensamiento de los otros. Esto tampoco es cierto, porque el ser humano puede establecer un diálogo consigo mismo, que es a lo que llamamos reflexionar. Y en este proceso, la memoria juega un papel fundamental, porque trae al presente momentos, palabras y pensamientos del pasado, y se establece una conversación interna. Para ello, la escritura es posiblemente el instrumento que mejor conecta pensamiento y lenguaje. Al escribir, se dialoga con el otro yo que fuimos, nos desdoblamos y armamos una conversación que nos conduce al conocimiento de ideas y conceptos generados por nosotros mismos, que de otra forma nunca se habrían producido. Por eso es tan importante la escritura, que posee una doble función, la mencionada del propio conocimiento y la de transmitir a los otros, porque la escritura creativa es un mensaje en una botella lanzada al mar del tiempo.

2 opiniones en “Sobre el pensamiento y la escritura”

  1. «…se ha llegado a criticar la verosimilitud filosófica de una obra de arte tan conocida como El pensador de Rodin, porque un hombre sentado y reflexionando no suele llegar a nuevos pensamientos por sí solo sin la confrontación con el pensamiento de los otros. Esto tampoco es cierto, porque el ser humano puede establecer un diálogo consigo mismo, que es a lo que llamamos reflexionar.» [Emilio González Déniz].
    >> Es raro el día que al levantarme, después del necesario sueño que nos impone nuestra naturaleza humana, no establezca, como si estuviera hablando con «otra» persona, una especie de «aparente monólogo» (en un principio), que se va transformando en un «diálogo» donde surgen cuestiones que hasta yo me sorprendo gratamente…

  2. Muy buen artículo, D. Emilio, un pequeño diamante, magistralmente pulido.
    Su lectura sugiere imágenes muy interesantes, nuestra mente como una máquina de ideas, como un ordenador: un procesador central (nuestra consciencia, tal vez), donde reside nuestro yo-presente, que tira de una memoria de datos (un yo-pasado de conocimiento y experiencia), a la vez que recibe información desde los periféricos sensoriales, una máquina que calcula y toma decisiones, que realiza operaciones lógico-lingüísticas con las que elabora un pensamiento que podría transmitirse a otros equipos. Bueno, personalmente creo que el ser humano tiene algún ingrediente más: un PC sería una máquina muy aburrida sin una consciencia, sin un espectador que palpite en su interior; aunque no cabe duda que como mínimo tenemos una naturaleza de máquina, y en este contexto se puede explicar que nuestra reflexión es un mecanismo interno (de debate), una forma de cálculo lógico (a menudo soportado por un lenguaje) en el que se van confrontando ideas para sintetizar otras más complejas y actualizadas que den salida a una situación concreta.
    Una visión muy extendida de la conciencia: un dialogo entre dos opciones; nuestro pensamiento está hecho de preguntas, es un debate continuo entre fuerzas opuestas. Esa capacidad para conversar con uno mismo es un proceso natural que no debiera escandalizar, no es cosa ridícula, ni de locos (no es necesario estar chiflado para exteriorizar una animada charla interior, a muchos cuerdos se les escapan los gestos y la voz). La naturaleza nos ha diseñado para calcular las consecuencias de nuestros actos, lo hacen hasta los animales: puedo imaginar a una fiera agazapada, “pensando” si salta ya o espera y deja que la merienda se acerque un poco más, es un mecanismo de cálculo. Eso sí, los seres humanos llevamos al extremo tales habilidades: un pensamiento ágil que se puede codificar y plasmar en soportes físicos, que se puede exportar y acumular; ciertamente, la escritura es un formidable instrumento de conexión entre pensamiento y lenguaje, y un medio para desarrollar nuestra maquinaria mental.
    Los buenos escritores no son simples escribientes, son titanes del pensamiento, son poseedores de ideas vigorosas y atractivas, su visión del mundo es de largo alcance. Cierto que resultan interesantes las charlas y entrevistas con ellos. Los escritores son una mezcla de talento y esfuerzo (la verdad de las cosas siempre es una superposición de verdades parciales, siempre es una mezcla), y también creo estos dos factores son interdependientes, uno cree que el talento en buena medida se desarrolla con el esfuerzo, en este caso con la propia escritura. La opinión colectiva suele ser como una corriente, longitudinal, con dos sentidos: derecha e izquierda, arriba o abajo, blanco y negro, a favor o en contra… Los escritores suelen tener opiniones transversales, creativas, aportan puntos de vista novedosos, son válvulas de escape que plantean soluciones a problemas estancados, a los planteamientos agotados. La civilización se ha desarrollado a la par que la escritura.

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