La política ocupa casi con prioridad absoluta las portadas de los periódicos y las cabeceras de los noticiarios de radio y televisión. El espacio y el tiempo que llena en todos los medios es, a mi parecer, exagerado. Sólo los grandes triunfos o los grandes desastres deportivos, o un hecho trágico de enorme impacto son capaces de robar el gran titular del día a la política. En realidad, que la frase de un líder sea más o menos brillante, que la réplica del otro sea florentina, afrancesada o porteña con faca en ristre carece de influencia en la vida del ciudadano. Es una secuencia más del espectáculo que nace y muere en los mismos políticos, mientras los ciudadanos asisten indiferentes a esa gran masturbación verbal que va hacia ninguna parte. De política, de la verdadera política que interesa a los ciudadanos, no se habla en los medios. Prima el espectáculo, y cuando las estrellas del show reposan en sus camerinos, aparece el fútbol, que una sobrecarga de gemelos de un centrocampista siempre cubre mucho papel. Y, qué quieren, aunque por lo visto dicen que las ideologías han muerto (más bien quieren matarlas), lo colectivo no interesa y el crecimiento como sociedad se deja en mero espectáculo, a mí sigue interesándome la política, la de verdad, esa que hoy es un pálido reflejo en la memoria de quienes seguimos creyendo tal vez de forma ingenua que el hombre es un ser inteligente.
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