Publicado el

Acuerdo unánime de todos (?)

zpFoto0508.JPGDon Fernando Lázaro Carreter no solo era un malabarista de la gramática sino uno de sus inspectores más agudos, y ponía las multas con un sentido del humor extraordinario. Escribió una serie de artículos que publicó bajo el título genérico de El dardo de la palabra, que luego salió en libro y es un derroche de sabiduría y una manera de pasarlo bien aprendiendo. Eso solo saben hacerlo los maestros, y recomiendo esa lectura porque todos cometemos errores que no pensamos que lo sean, llevados a menudo por la inercia del habla cotidiana. Quienes más riesgos corren son los que tienen que improvisar debido al medio, sea en una emisora de radio o en la tarima de un profesor, que a pesar de serlo no están libres de meter la pata. Hay un espacio en la SER que es una especie de policía del lenguaje y que capitanea Isaías Lafuente. Sigue la estela de Lázaro Carreter y hay que decir que se aprende mucho al poner en la picota los errores que cometemos, siempre con humor y sabiendo que a eso no escapa nadie, lo mismo que a las erratas en las publicaciones. Errores puntuales son frecuentes, debido a las prisas, pero ya empieza a ser más grave cuando se reincide y hasta se crea escuela, como sucede con la expresión «vacío de contenido» que se usa hasta el cansancio sin pararse a pensar qué se dice, porque si algo está vacío es precisamente porque carece de contenido. Y este post lo escribo estimulado porque esta mañana en una información radiofónica el reportero decía que en un asunto municipal se había llegado «al acuerdo unánime de todos». Y no me extrañaría que en este trabajo que glosa los errores de lenguaje hubiera alguno agazapado. Suele suceder, porque el error lingüístico es como una sombra fantasmal con muy mala leche.

Publicado el

La Constitución, papel mojado


zIM0049783.JPGSe invoca La Constitución como si fuese un libro sagrado, y debiera serlo porque en él se supone que estás los derechos y deberes de una sociedad democrática. Hay que señalar que esas ambigüedades que contiene sirven para se cuele todo tipo de incumplimientos, pero eso pasa con casi todas las leyes. Sin embargo, hay artículos que son muy claros, pero que igualmente se incumplen y parece que no pasa nada. Lo más triste es que cuando se trata de cubrir las espaldas a los poderosos se improvisa una reforma en pocos días. Hace años que vengo diciendo que en realidad la Constitución si acaso necesita reformas técnicas, pero en su esencia bastaría con aplicarla. Los derechos fundamentales están recogidos claramente, pero resulta que están pasando por encima de la educación, la sanidad, la vivienda, la justicia, los servicios sociales… Es decir, en los últimos años es como si no hubiera Constitución. Pueden hacerle todas las reformas que quieran, pero si no se cumplen es como dar palos de ciego. Ya que se conmemora La Constitución, que se haga simplemente cumpiéndola, caiga quien caiga, porque es que unos se estrellan porque incumplen sus derechos y otros siguen flotando porque se legisla a su favor aprovechando ese lenguaje a veces difuso que tienen las leyes, y un ejemplo claro es sobre quien está recayendo el drama de la crisis, sin que se toque a los más pudientes, cuando eso no es lo que dice esa Constitución que quienes debieran preservarla están convirtiendo en papel mojado.