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Libros canarios

Al empezar a escribir, caigo en la cuenta de que hoy es 12/12/12, que no deja de ser una combinación numérica arbitraria aunque curiosa. Pero hoy quería incidir en el gran momento de nuestra narrativa, y eso, que es muy bueno, a veces nos coge a contrapié. Eso me está pasando ahora con las nuevas novelas de nuestros narradores y narradoras, que salen todas a la vez y como te descuides te pasan por encima sin tiempo de hacer una reflexión seria sobre cada una de ellas. Tengo sobre mi escritorio las más recientes publicaciones de María Jesús Alvarado (Sorimba), Alexis Ravelo (Morir despacio), Santiago Gil (Yo debería estar muerto) o Elio Quiroga (El despertar), que son géneros distintos pero todas con la garantía de la solvencia demostrada por sus autores. Por eso, para dar noticia de su existencia, escribo esta especie de acuse de recibo.
xx1234r.JPGAunque sé que trataré de hacerlo, no prometo entrar en todas detenidamente, porque entiendo que hacer crítica literaria seria no es despachar a vuelapluma la repetición de lo que dicen las solapillas. Tengo la mala costumbre de leer detenidamente las novelas antes de hablar de ellas, y todas las novelas importantes -estas lo son- tienen siempre una retranca y un doble fondo que suele ser lo más interesante. Eso sí, de momento las recomiendo vivamente.

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El mito de Cubillo

La muerte de Antonio Cubillo hace que entre en la historia una figura que ya en vida rozaba el mito. Entre el silenciamiento que sufrió durante años y sus apariciones distanciadas en el tiempo, se fue creando una imagen mítica de un personaje que tuvo un gran protagonismo en los años de la Transición. Estoy convencido de que Cubillo no medía esas apariciones y que todo ha sido fruto de las circunstancias, pero si alguien hubiese querido fabricar un mito habría seguido exactamente los pasos que la vida le llevó a dar a Cubillo.
zz23.50.20__6215469[1].jpgEl nacionalismo canario es una especie de nebulosa que se confunde entre los que se autoproclaman como tales y los que desde otra línea tratan de unir este tiempo con el post-romanticismo de Nicolás Estébanez y Secundino Delgado. Al final, se desconoce en profundidad la obra y el credo de estos dos pioneros del independentismo, y no solo porque no interese su difusión, sino porque es un pensamiento para un tiempo que dista ya más de un siglo y desde lugares tan lejanos como París o Caracas. Cubillo trató de unificar y actualizar ese pensamiento, y en ello invirtió su vida política, que incidió en su forma de sobrevivir en las últimas tres décadas. Hay mucho por saber sobre esta figura y sobre los hechos que se produjeron a su alrededor a veces impulsados por las cloacas del estado. Cubillo entra definitivamente en el mito y probablemente ahora empezaremos a saber más sobre su vida y su pensamiento. Opiniones habrá a favor y en contra, pero siempre es bueno conocer nuestra historia, y Cubillo es sin duda un referente de un momento concreto de nuestro pasado reciente.

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La hipocresía solidaria

zzzFoto0520.JPGDe repente se nos han iluminado las calles y nos han sembrado la ciudad de belenes, nos ha visitado la lluvia y el mar se ha embravecido. Nos llaman a la alegría aunque a veces nos inunde la tristeza. Es un ajuste de cuentas con el tiempo, esa máquina inexorable que no necesita reloj. Nos ha sorprendido la Navidad sin habernos preparado para que nos deseen felicidades por sistema, ni para soportar los telemaratones, donde se nos viene a decir que somos culpables de las penurias ajenas, y en un supremo acto de generosidad acuden muchos famosos a hacerse publicidad. Muchos tienen su residencia fiscal en Mónaco o en Miami, porque allí casi no pagan impuestos, y luego hay que darles las gracias porque rifan una camiseta o una foto firmada. Lo que deberían hacer es pagar impuestos en España, eso sí que es ser generosos. La solidaridad es siempre buena, pero no sé por qué no acabo de creérmela cuando viene de los personajes famosos, que aprovechan los eventos humanitarios para vender su producto. Otra cosa, y esta muy digna de todos los apoyos, es lo que hacen las ONGs o entidades como la Casa de Galicia, que son actos de generosidad sin trampa. Y es que, refiriéndome a los otros, ahora mismo se prepara un partido de fútbol entre figuras millonarias para recaudar fondos. La entrada es muy barata y como habrá que pagar los gastos del montaje del evento quedarán unos cuantos euros, que está muy bien, pero ninguno se rasca el bolsillo. Está claro que la forma más justa de solidaridad es la fiscal, que paguen más los que más tienen. No es la Navidad lo que me irrita; es la hipocresía.