Maldad

zxFoto0365.JPGUna demostración palpable de la maldad humana es la proliferación de virus informáticos, que son generados por el puro placer de dañar, o bien para vender el antídoto a precio de oro, lo cual también es maldad, porque se inventa la enfermedad y el medicamento. No sé si los seres humanos nacen malvados o se hacen. Para Rouseau el hombre nace limpio y puro, pero luego la sociedad lo malea. Eso quiere decir que todos los seres humanos nacen inocentes, pero luego se vuelven perversos al contacto con los demás, que por lo mismo nacieron inmaculados. Es decir, si seguimos a Rouseau, la maldad surge de la relación entre los seres humanos, es como la chispa que brota por rozamiento entre dos metales que son fríos. Sin llegar a la teoría de un amigo mío, que dice que todo el mundo es malo hasta que se demuestre lo contrario, creo que hay una inclinación hacia la maldad, y si nacemos limpios o nacemos perversos es lo de menos, el caso es que de adultos hay que andarse con cuidado, porque aquí el más tonto hace relojes, digitales y con calculadora, por supuesto.

5 opiniones en “Maldad”

  1. Rouseao confundió su deseo con la realidad, el hombre no es bueno y la sociedad lo corrompe, miren a Rajoy, o miren a la Botella, nacieron buenos? que Sociedad los corrompió? Si ellos lo que hacen es romper la Sociedad.
    Aunque tampoco es bueno eso de nacer bueno, valga la repitición, porque desde pequeños no sobreviven, ¿Han visto la maldad de los niños?.
    Se puede leer en el libro aquel de adolescentes en una Isla perdidos después de un accidente, fueron todo lo crueles que les impedian los mayores, supongo que recuerdan El Señor de Las Moscas.
    Si eres niño y tu hermano más pequeño te rompe algún juguete, como el Barco de Famovil, le das de tortas como no haya un adulto por ahí.
    Es que somos buenos o malos en función de unas reglas que organiza una sociedad, que es lo 1º que organiza, miren la crueldad del Código de Hammurabi, cuantos más somos hay mas leyes que rigen nuestro comportamiento. Volveria al ejemplo de las mujeres lapidadas, ellas cometen un delito (se supone) y quién las castiga no cometen otro por matarlads?.

  2. Hoy me toca ser cursi (qué raro).
    La vida es una fuerza capaz de crear orden y armonía en la materia, de transformarla en delicados seres que dan forma al sentimiento y la belleza. Pero esa fuerza vital es transitoria, este mundo tiene una regla que devora todo lo hermoso: el orden degenera en desorden, en caos, hay un fuego latente en la madera y la carne que finalmente todo lo consume y convierte en ceniza y polvo. El hombre no es ajeno a esta regla de la naturaleza, nace como un risueño muñeco regordete de piel suave, perfumada y brillante, y lenta e inexorablemente va tornando en melancólico guiñapo, áspero, atufado y apagado; su conducta también puede ser condicionada por ese sino material, pero cuenta con una voluntad para resistir y forjar su existencia a la altura de sus convicciones y la dignidad de su consciencia.
    En principio Rousseau parecería tener razón, el ser humano nace bueno, como un CD virgen, limpio; durante su uso se va rayando y estropeando físicamente, o se van manifestando daños de fabricación; pero también se va llenando de información de la experiencia vital, y entre ella entra algo de basurilla, de software incontrolado y defectuoso: vicios, prejuicios, resentimientos y odio. Pero yo creo que hay dos elementos más: un instinto egoísta, con el que se nace, que fija una moral para bestias: lo bueno es lo que me beneficia, lo malo es lo que no me beneficia; y una voluntad (o instinto, vaya a saber), orientada hacia un bien común o ideal, una moral para justos y nobles que se va desarrollando con nosotros.
    Cuando la naturaleza nos impone sus males y rigores, nosotros le respondemos ocupando un escalafón de injusticias y desigualdades, donde germina la maldad. Yo creo que el bien es un ideal, pero no creo en una maldad ideal, intrínseca, que no pueda comprenderse como causa y efecto. Pero también creo que todos nacemos con una voluntad para oponernos a la maldad, que cada uno es dueño de escoger entre bien y mal: entre no dañar y dañar, esa diferencia la entendemos todos.
    Sí nacemos inocentes, pero más o menos egoístas, y luego el mundo nos pervierte; y sin duda este que nos ha tocado vivir es el más perverso que ha existido, el que más no ha alejado de la Naturaleza, que aunque es cruel siempre ha sido honrada.

  3. Mi proverbial grosería me deja este razonamiento:
    Tú dedícate a predicar la paz, tira las armas… que ya vendrá otro a recogerla y te pegará un tiro.

  4. D. Sergio tiene mucha gracia para decir las cosas, y además propone un tema muy interesante y harto complicado, no se puede ser pasivo ante la maldad: ¿cómo se combate la maldad? Ya es difícil explicar la naturaleza de la maldad, como todo lo humano, con dos vertientes que impiden un cauce único para la razón; pero combatirla es meterse en un laberinto.
    La maldad es una elección gratuita de dañar; se puede entender como causa y efecto, lo que no significa que sea admisible, uno puede decir que “la vida me trató mal” y por eso se entiende su resentimiento y odio, pero no tiene excusa para su elección, es más: lo debe pagar. Yo creo que eso de poner la otra mejilla es un disparate; supongo que es una exageración para plantear que la convivencia requiere un esfuerzo hacia el entendimiento y resolución de conflictos… pero en los conflictos no siempre hay maldad, la maldad es voluntad de dañar.
    Nuestro estado de derecho propone un ordenamiento para ángeles, elaborado por hombres ebrios de ideales; está bien tener creencias ideales uno mismo y ser fiel a ellos, pero intentar proyectarlos rígidamente en la compleja realidad es una insensatez que lleva a situaciones absurdas. Todos tenemos en mente un amplio abanico de ejemplos de lo injusto, inútil y grotesco que puede ser nuestro sistema legal. No es un tema sencillo, pero hay demasiados ideales y prejuicios culturales en juego para dar una respuesta realista a la sociedad.
    En el pasado solían visitarnos los piratas berberiscos, hacían incursiones tierra adentro, saqueaban, y se llevaban a nuestras gentes para esclavizarlas o pedir rescate; muchos, en ese contexto y frente a esa maldad lo tendrían claro: ¡por encima de mi cadáver!; pero en el mundo que nos ha tocado vivir una actitud como esa sería censurada, políticamente incorrecta. En nuestro contexto actual, el estado no sólo inmovilizaría a la víctima frente al agresor sino que luego la humillaría en un juicio posterior.

  5. Don Pedro me recuerda un pasaje de un libro de Fuentes:
    Un obispo le dice a un general ruin, jefe de policía:
    –Perdona a tus enemigos.
    Y el otro le contesta:
    –No puedo. Los he matado a todos.
    Ilustrativo…

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