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Unos a dieta y otros con dietas

Hay que tener el rostro de uralita para predicar disminución del gasto público, aplicarlo a los demás y dejar a quienes más cobran con sus estipendios prácticamente intactos. Cuando se publican los emolumentos de los cargos públicos, se refieren casi siempre a su salario, pero esa es solo una parte de lo que cobran. Luego vienen las dietas por desplazamientos, las partidas que se dedican a que un parlamentario cobre sencillamente por acudir al Parlamento e incluso por entrar cada día a su despacho. Estamos hablando de que, en muchos casos, se doblan las cantidades, y los que menos cobran reciben bastante más de su salario oficial. zzjhDSCN4031.JPGLuego sucede que los diputados estatales y los senadores (no sé si eso ocurre en el Parlamento de Canarias), tienen una tercera parte de sus entradas libres de impuestos. Aparte de que gustan de viajar en primera clase, dormir en buenos hoteles y comer en buenos restaurantes (a menudo a cargo del erario público), sus costumbres siguen siendo las mismas, porque, por ejemplo, el ajuste que afecta a los parlamentarios canarios se limita al 5% general en su salario (hace años se dieron un subidón), e incluso aparece una nueva dieta que es la de acudir a videoconferencias, con lo que, una cosa por la otra, sus entradas casi no van a verse afectadas. No se les ve un gesto, y tampoco a los componentes de los predios gubernamentales, que gastan sin tino porque moverse significa todo un aparataje de personas y acciones. ¿Se imaginan cuánto costaron los viajes innecesarios de Rajoy a ver la final de la Eurocopa o a entregar el Códice Calixtino a Compostela? Es avión (que aunque sea presidencial gasta mucho queroseno), seguridad, séquito… Por el contrario, no les tiembla el pulso para estrangular a los empleados públicos, que no tienen otras entradas fuera de su salario. Están empujando a los funcionarios de menor escala a las puertas de la miseria, se están cargando lo que queda de la raquítica clase media (la que mueve mucha economía), y están dañando la imagen de los poderes públicos, que en estas circunstancias tendrían que dar ejemplo. Pero mientras la política siga siendo un coto privado, sin democracia interna en los partidos y con listas cerradas, lo público seguirá siendo un panal en el que unos pocos se llevan la miel y dejan la cera para el resto. Impresentable.

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¿La novela de un loco?


Como hoy es 9 de julio, me acuerdo de Argentina (hoy es su fiesta nacional), y el hilo neuronal me lleva a Facundo Cabral, que usaba el humor para decir verdades como puños, y lo hacía en sus monólogos y en sus canciones. En un momento de su recitado dice: «la vida es una novela escrita por un loco». Pero eso no justifica la locura del mundo, porque popularmente se califica de loco a quien padece alguna enfermedad mental, de etiología psíquica, química o incluso fisiológica. Es decir, padeciendo depresión o esquizofrenia, pasando por la bipolaridad y otras tantas afecciones, locos ha habido siempre en el campo de la narrativa: Dostoievski, Virginia Wolf, Malcom Lowrry, Edgar Allan Poe, Mary Shelley, Marcel Proust y muchos más. Padecían tremendas enfermedades mentales, que en algunos casos los llevaron al suicidio. Hubo otros novelistas que quisieron pasar por locos, porque la locura resulta muy literaria, y así, Umbral paseaba con bufanda por la Gran Vía en verano, Azorín salía con un paraguas rojo aunque no hubiese lluvia y Valle-Inclán iba a la plaza de Oriente y se ponía a gritar frente al palacio real para despertar a Alfonso XIII.
zGoya_witches[1].jpgLos locos de verdad y los que fingían locura escribieron grandes novelas, que funcionan de manera muy lógica, muy cuerda, incluso cuando entran en el territorio de la fantasía más exagerada, porque una novela, si se desmanda, ya empieza a ser mala. Por eso este mundo tan cruel, hipócrita y sádico no responde a la estructura de una novela seria, es tan disparatado que si se contuviese en un libro nadie lo entendería. Por eso creo que esta locura de mundo es una novela escrita por gente muy cuerda (eso sí, muy malvada).
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(El cuadro es El Aquelarre de Goya)

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Feminicidio

El feminicido (dicen femicidio quienes lo traducen directamente del inglés) es el asesinato de mujeres, y aunque se suele decir que es por razones de género también hay motivaciones políticas, ideológicas y prehistóricas (seguramente será lo mismo). El caso es que, en México, especialmente en la zona norteña de Ciudad Juárez, matar mujeres es casi un deporte, y en Centroamérica pasa lo mismo. La mujer es una propiedad del hombre y matarlas es la máxima ofensa que se puede inferir a un padre, a un marido o a un hermano al que quieran castigar. En los años noventa esto sucedía en la guerra civil de Guatemala, y en un país tan pequeño murieron 200.000 mujeres y otras cien mil fueron violadas. Allí donde llegan los uniformados, zzmujerecruz.JPGsean soldados, policías o paramilitares, la vida de una mujer es una moneda de cambio. Ahora, la guerra tiene que ver con los cárteles de la droga, y también usan este tipo de crímenes para dejar bien claro al rival (generalmente otro machote) quien manda, y por eso les matan a «sus» mujeres. Esto, que parece sacado de la novela más enloquecida de Roberto Bolaño (2666), es la normalidad desde Río Grande hasta el Canal de Panamá. He rebuscado en el diccionario para encontrar un término que aplicar a esta situación y no lo he encontrado. La palabra horror parece un eufemismo ante tanta animalada. Al mundo parece darle igual, y esa es la razón por la que creo que la lucha por la igualdad de la mujer no ha hecho más que empezar, y no me olvido de las lapidaciones y crímenes de honor que son habituales en otras culturas del planeta. Si en alguna zona del mundo hubiera una matanza sistemática de rubios, bajitos, bebedores de cerveza o aficionados al surfing, seguro que ya se habrían tomado medidas eficaces. Pero las víctimas de los crímenes programados que se cometen en México, Guatemala, El Salvador, Irán, La India o Nigeria son simplemente pobres mujeres del Tercer Mundo. ¡Ah! Y en Turquía y China, que no sé ya a qué mundo pertenecen.