Con la escisión de Azawad (la mitad norte de Mali), se abrió una esperanza para los tuareg de la zona africana que está a un tiro de piedra de Canarias. Pero ese movimiento laico ha sido abortado por los islamistas que operan en la zona, y que han ido reforzándose con gente venida de Argelia, Nigeria, Afganistán… Están armados hasta los dientes con armamento tomado de la reciente guerra de Libia. El punto único de su proyecto consiste en la Yihad, es decir, extender la fe coránica a fuego y sangre por todo el mundo. Como hicieron en Afganistán con las estatuas gigantes de Buda, en la ciudad de Tombuctú están destruyendo cualquier vestigio que no tenga que ver con el Islam. Y hay que recordar que Tombuctú es una ciudad milenaria, en la se creó la primera universidad africana, que guarda miles de manuscritos que tal vez contengan traducciones al árabe del siglo XII de clásicos griegos y latinos que se han dado por perdidos. Tombuctú, la puerta del Sahara, no es una ciudad cualquiera, es como la Córdoba de los Califas, y según las noticias que llegan está siendo arrasada fisicamente y su gente pasada a cuchillo. Europa sigue en el empeño de los del Norte por devorar su propio Sur, pero ahí enfrente, de donde provienen el siroco y las olas de calor, puede estar engordando un peligro que, si crece demasiado, no va a ser posible conjurar, porque no van a pararse en Azawad. Europa, como pasó con el nazismo, con las masacres stalinistas de Ucrania y más recientemente con Los Balcanes, siempre llega tarde y a menudo lo paga muy caro. Por si quieren hacerse una idea de cual es el peligro, miren el mapa, Azawad está a mitad de distancia de Canarias que Madrid.
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