Como hoy entra el verano y el mundo se mueve como el molinillo de una batidora, voy a hablar de un tema instranscendente; cine y series de televisión. Siempre he sido un enamorado de la imagen en movimiento, me encanta el cine (el bueno me hipnotiza) y cada día veo más series de televisión, en las que últimamente hay mucha calidad. Y claro, como gran parte de ese material proviene de la industria audiovisual americana, uno supone que en cierta medida son un reflejo de aquella sociedad, aunque no estoy muy seguro, porque las productoras se rigen por normas y costumbres que (casi) nadie se salta (recuerden el código Hays). Es frecuente ver que un ciudadano medio vive en un chalet de dos plantas, jardín y garaje, con lo que se da una imagen de bienestar que se rompe cuando ves una película de Spike Lee. Otra cosa que me llama la atención son las edades. Los abuelos de los niños en edad escolar suelen ser muy ancianos, octogenarios; por el contrario, la mayor parte de los chicos y chicas de no más de treinta años suelen hablar de sus padres en pasado, con lo que ponen la esperanza de vida de sus progenitores no mucho más allá de los cincuenta años. El o la protagonista de muchas series tuvo un padre de su misma profesión que murió en acto de servicio (policía, abogado, juez, militar, bombero), o asesinado por los malos que él o ella sigue persiguiendo. Puede que todo sea una gran fantasía, y seguramente por eso alguien llamó a Hollywood la fábrica de sueños.
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