A estas alturas de la película, no estoy seguro de casi nada, y con los datos que tengo, que son los que salen en lo medios, no puedo saber si esta crisis fue desencadenada a propósito para tirar de las bridas, o si se produjo por acumulación de errores no deseados, o se veía venir la curva y nadie apretó el freno. Yo creo que es un poco de todo, pero lo más grave es que, sin querer o queriéndolo, el sistema ha conseguido a través del miedo que la gente se paralice. Y cuando una sociedad se detiene empiezan a derrumbarse los principios por lo que se rige. Ahora mismo, quien tenga trabajo con contrato fijo procura no decirlo en público, porque se ha conseguido crear una especie de complejo de culpabilidad frente a los desempleados. Y no digamos si el trabajador en cuestión cobra un salario no ya alto, sino simplemente decoroso, que lo acompleja frente a los salarios bajísimos que abundan en quienes tienen trabajo aunque sea eventual. Lo siguiente será que los pensionistas encuentren lógico que no se les atienda debidamente, que aplaudamos el copago en Sanidad y que entendamos que solo accedan a carreras universitarias con beca los pobres cuyas capacidades sean estratosféricas. Los demás serán mulas de carga, y ya empiezan a escucharse comentarios como «en mi época sólo estudiaban unos pocos». Es decir, lo malo no es que quieran quitarnos nuestros derechos, eso es lo normal, quien tiene la sartén por el mango siempre trata de imponerse, lo verdaderamente grave es que a muchísima gente empieza a darle igual o incluso se vuelven conversos de un liberalcapitalismo que los ha puesto a los pies de los caballos. Ese es el mayor peligro, una especie de síndrome de Estocolmo.
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