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Derecho Humanos, pero menos

zzFoto0345.JPGDesde el siglo XVIII, los Derechos Humanos figuran en el frontispicio de todas las constituciones que se precien de democráticas, aunque esta palabrita es cuando menos polisémica (de la Polinesia, que diría un recordado alumno). Democracia había en Atenas y las mujeres eran un cero a la izquierda, lo mismo que fue clamor democrático la obra de Jefferson, primero la Constitución de Virgina y luego la Norteamericana, pero los negros eran esclavos y así siguieron cien años más. Luego, tras la guerra de Secesión, fue abolida la esclavitud en el Sur, porque en el Norte también había esclavos y tardaron más en ser liberados (otra guerra económica, por lo que se ve). Y todo esto dentro del gran marco de la democracia, hasta que en los años sesenta del siglo XX se aprobó la Ley de Derechos Civiles. En Europa la cosa no fue mejor, pues tanto hablar de democracia y en Suiza el voto femenino comenzó ¡en 1971! Así que queda mucho para hablar de democracia plena, y encima nos hacen retroceder en Derechos Humanos fundamentales, como la salud, la educación o la atención a las dependencias. Es decir, los recortes irracionales, improvisados y destructivos que hace el Gobierno atentan contra los Derechos Humanos. Así de claro, porque nadie se explica que se recorten 10.000 millones en Sanidad y Educación y ahora no haya problema en poner sobre la mesa el doble para salvar a un banco. Si esto no es cinismo… Claro, es cinismo democrático, porque con el actual sistema tienen mayoría absoluta, que interpretan como una dictadura de cuatro años.

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El hombre de la bufanda roja

Recordamos aquella frase atribuida a Bertol Brecht que afirmaba que los que luchan toda la vida son los imprescindible. Aurelio Ayala era de estos (¡qué trabajo cuesta hablar de él en pasado!), y ahora menos que nunca podemos prescindir de Aurelio, aunque se haya muerto porque su corazón se negó a seguir latiendo. Es imprescindible porque su compromiso con la sociedad se hace hoy más necesario, y él es un ejemplo que nos empuja a no bajar nunca la guardia. Aurelio y su inseparable bufanda roja estaban siempre donde había que estar, y esa presencia rotunda a primera vista se transformaba en ternura apenas hablaras con él cinco minutos. Tenía muchas virtudes humanas, políticas e intelectuales, pero la mayor es que consiguió alcanzar la cota más alta que debe perseguir un ser humano, ser una buena persona. zzAurelio%20.jpgEra tan perfecto que hasta se equivocaba; estuvo en muchas batallas (en todas) y siempre defendió con honestidad lo de todos, aunque a veces esa coherencia se le volviese en contra por las curvas de ese laberinto que se genera en la confluencia de la política con el Derecho Administrativo y el Derecho Penal. Aurelio Ayala es un claro ejemplo de lo que dicen los peruanos de su país: «Si Kafka hubiera nacido aquí sería costumbrista».
Hablar de Aurelio es hablar de Humanidad, con mayúsculas, y de eso saben mucho en El Hierro, isla que le dio la vida y a la que él se la devolvió con creces. No puede entenderse El Hierro de las últimas décadas sin Aurelio Ayala. Y tampoco la relación con los canarios emigrados a Venezuela. Cuando el volcán creaba problemas económicos a la isla del Meridiano, Aurelio buscaba siempre soluciones con futuro, porque entendía que los herreños no necesitan limosnas sino cauces para desarrollar su trabajo y su economía. Era de la idea del proverbio hindú en el que, mejor que dar peces, es dar una caña y enseñar a pescar. Los herreños solo necesitan la caña, ellos saben de pesca más nadie. Y ese valedor herreño en todos los foros fue siempre cuidadoso con la memoria de la isla, a la que dedicó mucho tiempo, indagando, apoyando iniciativas culturales, escribiendo libros para conservar la memoria colectiva, que al final son siempre las personas. Ahora Aurelio Ayala es memoria imborrable de El Hierro y de Canarias, y un vacío en la vida de las personas a las que amó y que le correpondían, porque daba tanto que no había más remedio que quererlo. Descansa en paz, amigo.

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¿Francia hará que Europa cambie?

zzzparisssss.JPGFrançois Hollande será Presidente de Francia la semana que viene. Ha ganado las elecciones y eso es importante para toda la UE porque ya sabemos que el eje político y económico de este conglomerado son Francia y Alemania; y lo son desde los primeros atisbos de esta comunidad de naciones que empezó en los años cincuenta, después de que franceses y alemanes tuvieran tres guerras terribles en los setenta años anteriores. Los promotores del invento, los franceses Robert Schuman y Jean Monnet, y el alemán Konrad Adenauer sabían que la única manera de que Europa avanzara era que Alemania y Francia estuviesen unidas. Ahora incluso tienen la misma moneda, el euro de nuestros miedos, y Merkel ha arrastrado a Sarkozy a unas políticas de austeridad que no están dando resultados. Ahora llega Hollande y dice que también va impulsar en Bruselas el crecimiento, pero no nos engañemos, todavía no estoy seguro de que tenga el respaldo de la mayoría de los franceses, porque habría que saber antes si ha ganado Hollande o ha perdido Sarkozy. Los franceses tienen fama de abiertos, pero no es oro todo lo que reluce, y las historias galantes con Clarla Bruni, su boda apresurada y ese donjuanismo de salón en el Presidente de la República no han sido del gusto de los franceses. Hay quien dice que cualquiera le habría ganado esta vez a Sarkozy, que por otra parte ha tragado el cáliz de la crisis, que ya se ha llevado por delante a Papandreu, Berlusconi, Zapatero, Gordon Brown… Y le está dañando la pintura a Merkel en los landers donde antes ganaba. Tampoco sabemos si Hollande tiene un plan, o es uno que llega al Elíseo y empieza a improvisar igual que otro que llegó a La Moncloa hace unos meses. Lo que cada vez está más claro es que nos están saliendo líderes de baja estatura política, y eso me alarma.