Mujer, ideología y gramática
Si hace unos meses la Academia de la Historia metió la pata hasta el corvejón, ahora le ha tocado a la de la Lengua (RAE), que ha salido haciendo aspavientos sobre los intentos de evitar el lenguaje machista precisamente en las fechas en que se celebra el reivindicativo Día de la Mujer Trabajadora. Para empezar, hay que dejar claro que el lenguaje a menudo discrimina a la mujer para degradarla, (zorro es sinónimo de astuto y zorra de ramera, un hombre público es un prócer, una mujer pública es -otra vez- una prostituta); eso hay que erradicarlo, con RAE o sin ella, porque el lenguaje crea pensamiento (y al revés). En el uso cotidiano de la lengua es necesario combatir ferozmente la ideología machista. Ejemplos hay cientos en muchos ámbitos del lenguaje en los que se vulnera la dignidad de la mujer; uno de ellos es el del humor grueso, en el que la suegra suele aparecer como una bruja (nunca hay suegros malos) y la esposa del borracho del chiste (que es siempre un golfo integral y se le aplaude) como una fiera apostada detrás de la puerta con el palo de la escoba, demás de una tonta a la que fácilmente se puede engañar. Y así en muchos ámbitos, por lo que el uso de la lengua nunca debe discriminar, y en eso hay que ser beligerantes.
Es cierto que en el terreno gramatical, el entusiasmo hace que se fuerce la gramática a veces hasta límites insostenibles. Vemos con frecuencia el uso de la arroba informática(@) para dar a una palabra los dos géneros, y aparecen perlas como «l@s niñ@s» para tratar de ambos sexos a la vez, o bien usar la barra para en una misma palabra nombrar a ambos sexos (alumno/a) y otras variantes en los nombres colectivos. Todo eso es verdad, pero no lo es menos que existe una necesidad imperiosa de erradicar el uso machista de la lengua. Y ahí la RAE y los especialistas universitarios tendrían que crear una normativa ajustada a la gramática; pero como en este país todo acaba partido en dos, es tarea utópica tratar de dar soluciones a un asunto que, aunque contiene una gran carga ideológica, es básicamente un problema técnico. Los lingüistas pueden hacerlo, pero la RAE se inhibe y en lugar de ponerse a trabajar lo único que se le ocurre es criticar lo que se hace, con una inoportunidad que a lo mejor no es casual, en pleno mes de marzo, cuando las mujeres reivindican la igualdad y mientras se discuten reformas en leyes que afectan a la mujer, y que se anuncian como un gran retroceso. Lo que digo: la Real Academian de la Lengua ha perdido una gran oportunidad para callarse (¿o ha querido aprovecharla para echar más leña al fuego?)