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La felicidad

zM-LUISA1.JPGLa búsqueda de la felicidad es una constante en la vida del ser humano. Nadie sabe qué es y racionalmente entiende que otra persona debería ser feliz por sus condiciones y su situación, pero cada uno se siente infeliz o al menos no plenamente satisfecho. Muchos han intentado definirla, y a veces de forma contradictoria, pues mientras los chinos dicen que felicidad es hacer lo que se desea y desear lo que se hace, Jean-Paul Sartre afirmaba que no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace. O sea, un trabalenguas. Y luego están los que se dedican predicar la felicidad es interior, y por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos. Hay definiciones de la felicidad para todos los gustos, desde los que dicen que no es un sentimiento sino una decisión hasta los que aseguran que es un estado pasajero de locura. Quienes van de buenas personas se apuntan a que hay más felicidad en dar que en recibir (pura hipocresía) y luego está el que dice: «La felicidad me persigue, pero yo soy más rápido». Y es que hay quien relaciona la felicidad con la ignorancia, y se confiesa infeliz para no parecer tonto. De todos estos, el que se lleva la palma es Sigmund Freud cuando afirma: «Existen dos maneras de ser feliz, una es hacerse el idiota y la otra serlo». Lo que sí está claro es que en buena parte somos responsable de nuestra felicidad, porque como dicen el provebio hindú, cuando el sabio señala La Luna, el tonto se fija en el dedo. Bueno, y a lo mejor así es feliz.

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Historias de terror


Dicen que las historias de terror activan la mente del ser humano, y algo de verdad habrá en eso cuando a los niños les suelen gustar los cuentos en los que el lobo se come a la gente, la bruja encierra a dos niños en una jaula y espera a que engorden para comérselos y las del ogro Golón, el que se come a los niños como si fueran turrón. Los malos infantiles comen, y los adolescentes chupan sangre, pero el caso es llenarse con la carne o la sangre del otro. A mí, las historias de terror nunca me han gustado, ni cuando era niño, he visto muy pocas películas del género (siempre por equivocación) y no suelo leer novelas, por mucho que vendan Anne Rice o Stephen King. Ese terror espasmódico y brutal me repele, si bien confieso haber leído a autores de terror más psicológico como Mary Shelley, Edgar Allan Poe o G.H. Welles. Otras novelas, como El fantasma de La Ópera o El retrato de Dorian Gray, que pasan por ser literatura de terror, sí que me han gustado, pero es que esas en mi opinión salen un poco de la etiqueta. En cualquier caso, no soy un entusiasta del género, aunque de vez en cuando suelo echar un vistazo a alguna, por aquello de conocer el territorio que uno pisa.
Acabo de leer algo de terror muy fuerte, por empeño de un amigo, que me aseguró que la historia no tenía desperdicio. Me mandó que buscase en Internet el texto íntegro de la nueva Reforma Laboral. Al principio pensé que mi amigo me había gastado una broma, y que no era una historia de terror, sino un ejercicio literario con gran carga de humor e ironía, porque empieza así:
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«La crisis financiera y económica de origen internacional que se ha desarrollado desde principios de 2008 ha quebrado la larga senda de crecimiento económico y del empleo que vivió la economía española…»
(Muy bien traído el juego, ahora resulta que la crisis es de origen internacional, cuando hasta ahora los autores del texto sostenían que el culpable era Zapatero).
Sentados los antecedentes, me interné en el texto, y mi amigo tenía razón, es una verdadera historia de terror; no aparecen lobos comeniñas ni vampiros chupasangres, pero como si los hubiera, porque cada párrafo es el descenso de un peldaño en la escalera hacia una sociedad igualitaria que tanto ha costado subir, y eso que no habíamos llegado arriba del todo. El texto parece una parodia, porque suena imposible que, por ejemplo, se pueda reducir la plantilla de una empresa, no porque haya pérdidas, sino simplemente porque ha habido menos beneficios. Es como el negativo de cualquier idea que se parezca a un derecho, donde se liquida a los sindicatos, se criminaliza la enfermedad y… En fin, terror de muchos quilates, una obra maestra si fuese ficción. Muy recomendable su lectura para los amantes del género.