Ciencia y conciencia

Si tratamos de muertos y aparecidos, entidades de otras dimensiones o capacidades adivinatorias entramos más en una novela de Stephen King que en asuntos que podamos racionalizar. Sin embargo, cuando se habla de determinados temas, y aunque parezca a primera vista que embocamos la senda del esoterismo, lo secreto, para internarnos en lo irracional, no siempre es así. Pensemos que las culturas primitivas pensaban que un volcán era un castigo de los dioses porque ignoraban su naturaleza, y luego hemos visto que, aunque puede ser un fenómeno muy destructivo, es un mecanismo geológico explicable desde la ciencia.zpapacviencia.JPG Por eso no hay que echar en saco roto algunas investigaciones casi siempre denostadas por los académicos, que tratan de explicar desde la ciencia situaciones irregulares o extraordinarias, como por ejemplo el aumento de determinadas enfermedades ocasionadas por distintos fenómenos físicos y químicos, como las corrientes electromagnéticas o las emanaciones de gas radón en las fallas tectónicas. Hace unos días me he tropezado con una de esas curiosidades que generalmente desestimo de entrada porque suelen venir del palabrerío embaucador. Pero esta vez me detuve porque quien hablaba era Annie Marquier, una científica francesa afincada en Canadá, que afirma que el corazón humano tiene información bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores que pueden influir en nuestra percepción de la realidad y por tanto en nuestras reacciones. Asegura que el corazón no es un órgano mecánico como el riñón o el páncreas, sino que tiene una especie de cerebro independiente. Y afirma: «Es el corazón el que produce la hormona ANF, la que asegura el equilibrio general del cuerpo: la homeostasis. Uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés y producir y liberar oxitocina, la que se conoce como hormona del amor». Es decir, si hacemos caso a esta señora, uno se enamora con el corazón (que parece que se intuyó desde siempre), y cuando tenemos una corazonada que creemos intuitiva no es tal, sino la consecuencia de un razonamiento realizado por ese cerebrito adicional que dice que tenemos en el corazón. En todo caso, la ciencia avanza a menudo por caminos muy complejos, pues ya me dirá ustedes si no es para pensar que Einstein era un chamán cuando hablaba de la curvatura del tiempo. Claro que él aportaba ecuaciones y desarrollos matemáticos, y aunque sería bonito creer a Annie Marquier, no sé si ella podría aportar ante especialistas evidencias científicas de lo que dice, o sus teorías son solo charlatanería para vender libros de autoayuda.

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