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A la Historia por el cotilleo

Tengo un gran respeto por las personas que se dedican a la investigación histórica, porque supongo que su nivel técnico les permite llegar muy lejos y su prudencia no ir más allá de donde pueden documentar. Pero ya sabemos que al final hay que montar el puzle, recrear un momento, y de alguna manera eso es una interpretación, pues a menudo con los mismo datos dos historiadores llegan a conclusiones distintas.
zzcolonb.JPGEstelle Irizarry es una historiadora norteamericana (lo sé porque ayer ocupó una esquina en los medios) que a raíz de la lectura de una carta de Colón a la Isabel la Católica llega a la conclusión de que la Reina y el Almirante han sido amantes y hasta ha escrito un libro sobre el asunto. La profesora entiende que se trata de una carta de amor porque contiene frases como «Las llaves de mi voluntad yo se las di en Barcelona» o «Yo soy de continuo pensando en su descanso». Nada que oponer, que para eso la señora Irizarry es miembro correspondiente de la Academia de la Historia (como para fiarte de esta academia después de decretar que Franco no era totalitario). Vale, la Reina tuvo un amorío con Colón, también se dice que tuvo otro con el Gran Capitán (y eso que la llamaban La Católica), y que su marido -El Católico- arrasaba como el cierzo del Moncayo, y parece ser que también tuvo muchos líos, uno de ellos con Beatriz de Bobadilla, que luego por eso sería condesa de La Gomera (esa es otra historia). Pero eso es una especulación que nos viene muy bien a los novelistas, y bien es sabido la voracidad de todo tipo de los personajes poderosos. Cualquiera con dos dedos de frente habría deducido algo así, porque si no, de qué iba la Reina a apoyar a un desconocido en una aventura que según la lógica de aquel tiempo era como subvencionar hoy un viaje tripulado fuera del Sistema Solar. Que Cleopatra, Salomón y Luis XIV tenían amantes, que Catalina de Rusia era insaciable y que Enrique VIII estaba enfermo es más que sabido; de manera que construir la Historia con cotilleos basados en frases que pueden significar cualquier cosa mejor que nos lo dejen a los novelistas.

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Dickens y el espacio real

Hace unos día publiqué un artículo para el suplemento literario Pleamar de la edición de papel del Canarias7 (reproducido el domingo en este blog) sobre Charles Dickens en el segundo centenario de su nacimiento. Allí digo lo que digo, pero por falta de espacio se me quedaron en el tintero aspectos importantes que traigo a este post. Antes de Dickens, el espacio en el que se movían los personajes y transcurrían las historias era irreal, idealizado e incluso inexistente. zzdickensss.JPGNo describe Cervantes cómo era la Barcelona que visitaron Sancho y Don Quijote, ni tenemos una idea clara de los espacios en toda la narrativa anterior a Dickens. Para el novelista inglés, el territorio en el que ocurren sus historias son también personajes, y desde luego si tenemos una idea nítida de cómo era Londres en el siglo XIX es por su narrativa (describió Londres casi al centímetro) y a partir de él los narradores que vinieron después. Sin esa nueva concepción de utilizar el espacio real, seguiríamos a los personajes de Paul Auster por una ciudad quimérica que no es Nueva York, o al Pereira de Tabucci por una Lisboa brumosa. Fue Dickens el que incorporó la fotografía a la novela, y a partir de entonces conocemos con detalle el París de Balzac, el San Petesburgo y el Moscú de Tolstoi, el Madrid de Galdós (*) y así hasta hoy, pues no entendemos bien una narración sin su espacio, sea una gran urbe muy conocida o un pequeño pueblo perdido en el mapa. Esa dimensión dickensiana es muy importante, tal vez incluso más que su aportación a la novela social, filosófica, psicológica o costumbrista, pues de eso hubo verdaderos creadores en Víctor Hugo, Dostoievski, Poe o Clarín. Y para que no se me quede atrás, lo digo aquí como complemento de lo que ya está escrito.
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(*) Galdós sentía una gran admiración por Dickens, y lo conoció leyéndolo en su lengua. Fue uno de los primeros traductores del novelista británico y el primero que puso en español Los papeles póstumos del Club Pickwick. Y es que don Benito fue muy aprovechadito con los idiomas, pues aparte de dominar absolutamente el suyo, conocía perfectamente el inglés y el francés, así que para leer a Balzac y a Dickens no necesitaba que sus obras estuvieran traducidas. Ah, y como buen humanista de la época, sabía latín.

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Por San Valentín ya sabemos quién es el amo (*)

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PRIMERO: CUENTO

-Escucha con atención este cuento:
-Empieza, abuelo.
-Verás; se trata de un tipo que estaba dando la vara y molestando a quien tenía el control de la ciudad. El jefe de los amos del territorio decidió acabar con él de una vez por todas, y lo citó en un garaje con el anzuelo de que iban a llegar a un acuerdo. Acudieron sus hombres y fueron masacrados por dos pistoleros, pero el tío que daba la vara se retrasó porque había ido a cortarse el pelo y se salvó de milagro. Pero ya había quedado claro quién mandaba en la ciudad, y el rival quedó inutilizado a perpetuidad. Quien ordenó la masacre fue Al Capone para liquidar la competencia que le hacía Bugs Moran en Chicago, y sucedió el 14 de febrero de 1929; por eso se recuerda este episodio como La matanza del Día de San Valentín.
-Menos mal que lo has aclarado al final, abuelo, porque yo creía que me estabas contando lo de Baltasar Garzón, que dicen los medios que, para aplicar la sentencia del Supremo, será desposeído de su condición de juez el 14 de febrero de 2012.
-Lo que pasa es tú eres un mal pensado. No, hombre, esto era un cuento para que entendieras que en la historia hay hechos que tratan de imponer quién es el amo de verdad. Y a menudo lo consiguen.
-Por eso mismo, abuelo, por eso mismo.

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SEGUNDO: DUDO, LUEGO EXISTO


zwwwwDSCN2774.JPGAlgunos expertos juristas, aun teniendo simpatía por Garzón, aseguran que intervenir las conversaciones privadas de los detenidos y sus abogados rompe las garantías de defensa y que sobre ello existe un vacío legal. Por lo tanto, en ese sentido, la sentencia se ajusta a Derecho porque es interpretable. Ahora bien, he oído en los medios que esta práctica se ha hecho muchas veces en asuntos de terrorismo y más recientemente en los casos de Marta del Castillo y de los niños desaparecidos en Córdoba. Parece ser que la razón de que no se ha acusado a ningún juez es que nadie lo denunció, como sucedió en el caso de Garzón. Pero si se sabía, es evidente que la misión del Ministerio Público es perseguir de oficio cualquier delito o irregularidad en la aplicación de las leyes. Entonces, con este asunto ocurre como cuando hay 30 coches aparcados en una calle sin señalizar claramente, pasa el guardia y multa a uno solo. Puede que, según la interpretación del agente, el coche multado haya violado la norma, pero da que pensar que los otros 29 no sean sancionados, cuando el guardia ve que están en la misma situación. Debe ser que un transeúnte le señaló al policía aquel coche. Si esto es así, tampoco se entiende por qué el Supremo no incluye en la sentencia una recomendación a los legisladores para que llenen ese vacío legal que dicen que existe (¿el Supremo crea jurisprudencia general para el futuro?) Y mientras tanto, ya saben, in dubio pro reo, ante la duda se exculpa al acusado. Digo yo.