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¿Urdangarín o Corleone?

Que conste de entrada que cualquier tipo de corrupción debe sentarse en el banquillo y atenerse a lo que determinen los tribunales de justicia. Para mí, lo que sucede con el marido de la Infanta Cristina es un arcano, porque sale una corruptela aquí, una evasión de impuestos allá, un traslado de dinero a un paraíso fiscal acullá, y para que todo eso haya sucedido han tenido que intervenir docenas de personas, unos contratando, otros ocultando, otros gestionando.
z-padrino[6].jpgEn fin, que un secreto es muy difícil de guardar desde que lo conoce más de una persona. Y si el asunto lleva tanto tiempo, alguien tendría que haberse ido de la lengua, y entonces, además de los participantes en alguna de las secuencias, lo sabría mucha más gente. Pero nada, pasan años y ni un solo rumor, algo que indicara lo que ocurría. De repente, se levanta la liebre y empiezan a salir conejos de todas las madrigueras: facturas falsas, minutas estratosféricas, empresas interpuestas… Un rosario de cosas que hacen proyectar una imagen casi caricaturesca del yerno del Rey. Alguien que ha hecho tanto y siempre con tan mala fe no es un duque, es don Vito Corleone. Y esa saña que se ve alentada en todos los foros casi siempre por los mismos hace que uno se pare a pensar si todo eso es posible, porque, de ser cierto todo lo que se dice, el señor Urdangarín se habría pasado todos los días y muchas larguísimas noches dando instrucciones, reuniéndose con su «consigliere» y realizando otras tareas propias de un capomafia.
¿Pudiera ser que haya una movida que trate de dinamitar la monarquía, o al menos poner en entredicho la sucesión dinástica? Es que tanta furia me mosquea, y no digo que todo sea una gran conspiración de los que sueñan con una república a la francesa (ya dirán los tribunales), pero si lo que quieren es cambiar de régimen sería más fácil convocar un referéndum monarquía-república, y no nos estarían dando la murga. Es que cuando ves un telediario y hablan del tema, parece una reposición de El Padrino. O será que uno ha visto la película demasiadas veces (las tres partes).

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Una calle peligrosa

Hay que tener mucho cuidado cuando se transita por algunas calles de Las Palmas de Gran Canaria. Un ejemplo es el tramo más al sur de la calle Cano, que va desde la esquina con Travieso hasta su confuencia con Malteses. Es una vía peatonal transitada por gente muy peligrosa, y es que, apenas subes desde Triana ¿qué es lo primero que encuentras? Exacto, una librería, un lugar de perdición que para colmo pertenece al Cabildo de Gran Canaria.
z0-cano].JPGSigues caminando y la calle termina a la izquierda con una enorme casona que sirve de Museo de un tal Pérez Galdós, un tipo que se pasó la vida contando historias y llenando la cabeza de pájaros a la gente. Eso debería ponernos sobre aviso, pero la imprudencia es mucha, y ayer mismo hice esa ruta. Caí en la tentación de entrar en la Casa de Galdós. Todavía no sé cómo pude escapar indemne, pero a veinte metros me tropecé con dos tipos muy sospechosos. Y claro que lo eran; nada menos que un ensayista y un poeta, que se hacen llamar Antonio Becerra y Eugenio Padorno. Hablaban de un fulano que me pareció entender que se llamaba Alonso Quesada, seguramente un capo que tiene otro nombre y que trabaja en la sombra. De repente, se alejaron y me dejaron ir.
Yo iba muerto de miedo, aunque contento porque había vuelto a salir vivo, pero en la confluencia con la calle Torres me crucé con un sujeto terrible, ¡un novelista! Era Santiago Gil, que me dio conversación mientras caminábamos, y yo le seguí la corriente para que no se violentara, y se detuvo justo delante de la librería. Allí, vaya usted a saber con qué intenciones, conspiraban los periodistas Amado Moreno y Pepe Rivero, que encima es nieto del poeta Domingo Rivero. Estaba claro, me había metido en la boca del lobo. Me tranquilizó un poco ver que con ellos estaba un hombre corpulento y de aspecto formal, un hombre de orden. No parecía novelista, poeta, periodista o cualquier otro tipo de forajido. Supuse que sería un infiltrado de la policía secreta que estaba siguiendo alguna pista. Mi decepción fue total cuando me lo presentaron: ¡es hijo del poeta Saulo Torón! No tuve otra opción que identificarme como escritor, y eso pareció intimidarlos; aproveché un despiste y todavía sigo corriendo. ¡De buena me he librado! Ya les digo, esa calle es muy peligrosa, entra uno sano, se encuentra con gente que tiene el vicio de pensar y escribir, y sale cargado de novelas, poemas y otras armas, que, ya lo sabemos, las carga el diablo. Quedan advertidos.

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La violencia como argumento

La sentencia dictada contra los tres chicos que dieron muerte al joven Iván Robaina vuelve a poner sobre la mesa el tema de la violencia que se enseñorea de nuestras calles y se ha convertido en la única respuesta que tienen algunos ante un conflicto. Y hay algo peor, cuando la violencia se practica por sí misma, sin que haya mediado palabra o diferencia alguna; me contaban hace unos días que ahora hay que tener cuidado hasta cómo se mira, porque hay pandillas de jóvenes que te pueden agredir porque no les ha gustado la forma en que los miras.
zzFoto0268.JPGEsta violencia está atizada por los juegos de consola y ordenador, que se basan casi siempre en la agresividad, y tampoco son buenos maestros los telediarios. Algo estamos haciendo mal, porque ya en los centros de enseñanza también hay que andarse con cuidado, y hemos visto en estos días imágenes de provocaciones o ridiculizaciones al profesorado, que son colgadas en Internet o enviadas por los muchos medios de que disponen los jóvenes. Todo esto incita a la violencia, y no sería mala medida que en las aulas de cualquier nivel estuviese prohibido el uso de estos artilugios móviles. Es más, no se deberían llevar a los colegios e institutos. No entiendo para qué quiere un móvil un niño de 12 años, y encima ahora pueden conectarlos a Internet. Hemos visto reportajes de las pandillas en Centroamérica y en las grandes urbes del planeta. Ya operan algunas por aquí, y si no se les pone coto acabaremos como en Guatemala y Belize, con nuestras ciudades convertidas en zonas de guerra. La violencia nunca ha resuelto nada, sólo impone la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón. ¿Para eso tantos avances tecnológicos?