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Las pequeñas cosas

zFrina%20Mopa%20Fregona[1].jpgLeo la noticia de que ha fallecido Manuel Jalón Corominas, el inventor de la fregona. Suena a chiste, pero habría que preguntar a quienes durante siglos han fregado los pisos de rodillas. Para la limpieza del hogar, la fregona es algo así como el invento de la rueda para el transporte. No nos damos cuenta de que la vida se compone de pequenas cosas a las que no damos importancia. Siempre nos recuerdan a Edison, Ford o Watt, que es cierto que con la electricidad, el automóvil o la máquina de vapor cambiaron el mundo. Pero seguía siendo necesario arrodillarse para fregar los pisos, y si bien es cierto que cuando tomamos un taxi o encendemos la luz no nos acordamos de Henry Ford o de Edison, también lo es que olvidamos que inventos como la cremallera, las gafas, el bolígrafo y cientos de pequeños ingenios más son los que nos hacen la vida mucho más agradable. Por eso es importante la aportación de este ingeniero español, que por lo visto también patentó otros inventos, como las jeringuillas desechables, que nos libran de muchas infecciones que se transmitían por ese medio. Como soy entusiasta de la pasta con tomate, siempre digo que los personajes más importantes de la historia de Occidente son Cristóbal Colón, porque encontró el tomate en América, y Marco Polo, porque trajo la pasta de China. Los investigadores médicos se llevan la palma, pero de vez en cuando convendría recordar con gratitud a las personas (a menudo desconocidas) que inventaron cosas que nos facilitan la vida.

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Marruecos y la desidia europea

Una y otra vez se repite la misma historia, desde aquel vergonzoso acuerdo pesquero con Marruecos del Gobierno de Suárez a finales de los años setenta, que significaba implícita (y explícitamente) el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre las aguas saharianas. Por enésima vez, los pescadores canarios están a merced de componendas que se trajinan muy lejos, y es que lo de Marruecos ya es de de risa; se cachondeaba de España y ahora hace lo mismo con la UE, y los canarios aguantando las consecuencias. zzperque.JPGLas compañías francesas y norteamericanas que controlan ese país son las que nos perjudican, porque nadie se atreve a pararles los pies. Exigen estrictas medidas en los cultivos agrícolas canarios, pero dejan entrar en la UE productos que vaya usted a saber si tienen los controles sanitarios que hay por aquí. El alisio viene del nordeste, de Marruecos, y quién sabe qué pesticidas nos trae, pero la UE sigue negociando con un estado que confunde el poder político con la propiedad privada. Y lo mismo sucede con los posibles yacimientos petrolíferos cercanos a Lanzarote. Aquí se prohibe su explotación por miedo a que un accidente provoque una marea negra que dé al traste con nuestro turismo, y sin embargo, 50 kilómetros más allá, Marruecos puede agujerear la misma bolsa y causarnos el mismo daño sin que nosotros obtengamos ningún beneficio. Es la misma historia de siempre.

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Ley de Costas sí y no

z242221-1g[1].JPGAplicando la dichosa Ley de Costas se han ensañado con algunos caseríos canarios que fueron levantados junto al mar hace décadas. Bien está todo eso de cuidar el medio ambiente y urbanizar con cabeza, pero nadie acaba de entende por qué es tan urgente y necesario derribar casas en unos lugares y sin embargo nada pasa en otros. Parece ser que la cifra mágica es 90 metros desde el agua, y como no conozco la ley -ni ganas- debo suponer que en los núcleos urbanos eso no es aplicable, porque si así fuera habría que derribar muchos metros cuadrados en Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, Málaga, la costa sur de Gran Canaria y no sé cuántos lugares más. Siempre acaban derribando pequeñas construcciones -algunas que vienen de bisabuelos o antes- en las que habita gente humilde. Ahora le toca a Tufia, y si es verdad que estoy de acuerdo con tratar de respetar la naturaleza, que alguien me explique por qué, de repente, las casitas de Tufia suponen un peligro para el ecosistema y hoteles de cinco estrellas batidos por las olas siguen en pie.