Se podría entender perfectamente que hace cuarenta o cincuenta años hubiera curiosidad por ver unos senos femeninos, porque era asunto tabú, lo mismo que en el siglo XIX era imposible visualizar los tobillos descubiertos de una dama, siempre ocultos bajo enaguas inmensas, faldas como carpas de circo y botines. A nadie se le ocurriría que, medio siglo después, hacia 1930, ver los tobillos desnudos de una mujer fuese una novedad. Ya sé que los senos tienen otra mitología, y cuando en España empezó el famoso destape de los setenta tenía su explicación. Pero es que llevamos cuatro décadas viendo tetas de todos los tamaños, formas y colores, y francamente no parece una primicia. Sin embargo, hay revistas que basan su atractivo en una portada con una mujer mostrando los senos, y se pagan jugosas cifras si la fotografiada es una estrella del cine, la canción o incluso de la política (ha habido concejalas que se han mostrado desnudas en una revista). Lo que ya me parece casi enfermizo es que sea noticia que Sara Montiel, con 83 años, vaya a enseñar sus senos en una película, sobre el cadáver de cuerpo presente de su marido. Eso ya no es erotismo, es morbo de la peor ralea. Siguen empeñados en hacer del sexo un mercado, y me malicio que casi siempre eso va en detrimento de la mujer.
4 opiniones en “La obsesión por los senos femeninos”
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Vaya Emilio que tema, no admite poner pinturas ni fotos, y si nos ponemos a hablar de «senos» pues no es lo que tu tratas, así que me hizo gracia todo lo que se escribe sobre ellos pero los relatos son eríticos.Así que pongo uno cuyo título no deja de ser interesante. ;))
Los senos y la globalización
La artista textil Alejandra Gutiérrez fue la protagonista del coloquio “Los senos femeninos y el sostén en la cultura Occidental”, realizado con el fin de presentar su pieza de arte textil “Wonderbra”, previo al embarque de esta obra a Latvia para exhibirse en la IV Trienal Internacional Riga de Fibra y Arte Textil “Innovación y Tradición”.
Con la participación de gran cantidad de mujeres y hombres, el coloquio y cocktail despertó una interesante discusión acerca de los senos de la mujer y sus diferentes interpretaciones como símbolos de género, fertilidad, nutrición y sensualidad, entre muchos otros.
Gutiérrez explicó las razones que la llevaron a elaborar la pieza “Wonderbra” y efectuó un recorrido por las diferentes sociedades a lo largo de la historia vistas a través de la conceptualización de las mamas: desde los pechos amarrados de la patriarcal Grecia antigua a los protuberantes pechos de los años 80, pasando por la Vírgenes de la Leche del Renacimiento, la frivolidad del siglo XVII y el actual concepto de la belleza que lleva a las mujeres a realizarse implantes para seguir este ideal estereotipado de la mujer delgada con pechos demasiado grandes para su estructura corporal.
“Wonderbra es la marca comercial de un brassier diseñado para subir y aumentar el nacimiento de los senos en el escote, exactamente la prenda ideal en una sociedad cada vez más estereotipada, por eso elegí ese título para la pieza”, manifestó Gutiérrez.
Los senos de ninguna mujer van solos caminando por el mundo. Están en un cuerpo, forman parte de un todo, de un cuerpo con alma único de mujer que hay que valorar de la cabeza a los pies. Muchos hombres al conocer a una mujer fijan primeramente su vista en los pechos de la mujer y no pueden disimularlo por mucho que se empeñen. Pero no sólo están obsesionados con los pechos femeninos sino que además tampoco les es posible apartar la vista del culete. Y lo peor es que muchos ni siquiera se molestan en disimular un poquito, aunque sólo sea un poquito. Esta clase de hombres a mí nunca me han inspirado confianza porque sé que son hombres para mi gusto demasiado superficiales, con la sensibilidad humana situada en algún lugar entre sus piernas. Los hombres que valen son los que miran a los ojos, los que miran tu cuerpo pero de una manera sutil y delicada, sin valorarte como si fueras un trozo de carne. Y es que para muchos hombres las mujeres son sólo eso, pechos y culo y nada más.
La sensualidad de toda mujer es inherente a su naturaleza de mujer y no hay por qué ocultarla. Pero a veces es preferible disimular los encantos para librarnos de más de un abejorro que anda revoloteando. Por esa misma razón tampoco hago top less en la playa y paso ya del tanga porque hay mucho salidito por el mundo. Me quedo aún así con ésas, con el bikini brasileño y me reservo el desnudo para calas alejadas del común de los mortales, casi inaccesibles, a donde voy a reposar en compañía de mi pareja.
Creo que sí, que hay una obsesión enfermiza con los senos y el culo de una mujer y que los medios de comunicación lo potencian. Y eso sin hablar de los muchos tópicos que se crea en torno a ello y los traumas que crea en muchas mujeres. Sin embargo el desnudo de los hombres se cuida «muy mucho».¡Por algo será!.
¡Saludos y hasta luego!.
Hola seda y encaje gracias por esas palabras, la verdad estoy pasando por algo similar mi novio cuenta con una compulsion y exajeracion de mirar a las mujeres a sus pechos, nalgas y parte genital,he estado investigando y creo que sifre algo de trastorno obsesivo y compulviso me encuentro en una situacion dificil y cada dia es mas constante este comportamiento, me agrada la forma como amplias este punto de vista y de alguna manera me doy cuenta que existen muchas personas que sufren de lo mismo. Gracias por tu ayuda.
Si puedes, haz que se ponga en manos de un profesional, porque he observado que con los años eso vuelve más intenso, y se crean situaciones raras con camareras y gente d ela calle. Es como si se les nublara la vista y no vieran otra cosa, y eso lo he visto en hombres muy inteligentes y formados. La cultura no tiene nada que ver, creo que es una enfermedad.