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El invento del carnaval

gasdal2262-18[1].JPGYa se ha hablado mucho sobre los orígenes del carnaval y de cómo se celebra de distinta manera en diversos lugares. Es una fiesta muy mundana que se contrapone al inmediato recogimiento religioso de la cuaresma, pero en Las Palmas de Gran Canaria, cuando dentro de décadas o siglos, se escriba la historia de nuestro carnaval, dirán seguramente que es en esta época en la que hemos inventado una nueva manera de celebrarlo. Ya casi no quedan vestigios de aquellos carnavales de principios del siglo XX, con sus batallas de flores y sus tortillas con miel de caña. Los Drag (o las Drag, no sé bien) llegaron por casualidad a nuestro carnaval como una actividad más de las muchas que se hacían y algunas ya ni recordamos (La sábana, la noche del cine…) Ninguna cuajó a lo grande, y las murgas y comparsas eran muy vistosas y divertidas, pero reflejaban otros carnavales. La aceptación propia y exterior de la gala Drag ha sido tan determinante, que se ha convertido en una seña de identidad de nuestra fiesta, y aunque ya empieza a ser tradición, es muy nueva en el tiempo. Podemos decir que sin darnos cuenta hemos reinventado el carnaval.

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Las ironías de la publicidad


Dicen los entendidos que cuando no entendamos un anuncio es que no va dirigido a personas de nuestro perfil. Seguro que es así, porque no tendría sentido que los anunciantes se gastasen un pastizal en un anuncio que no entiende nadie. Es decir, hay un estudio previo para el sector del mercado al que se quiere llegar.
Narciso.JPGSin embargo, hay campañas que me resultan chocantes, aunque seguramente también son muy efectivas, pero lo que nadie puede negarme es que son hipócritas. A veces chirría que un cantante multimillonario, un tenista montado en el dólar o una actriz que cobra cifras imposibles nos hablen de solidaridad con los más necesitados, pero la campaña que más me desconcierta es la que hace la selección española de fútbol para ahorrar energía. Vamos a ver: son estrellas de deporte que cada semana hacen cientos o miles de kilómetros en aviones, autobuses o trenes rápidos que consumen muchísima energía; juegan de noche en estadios profusamente iluminados con millones de watios de luz; exhiben automóviles de gran cilindrada, y se van de vacaciones a lugares muy lejanos o pasean en yates de muchos caballos. Podrían recomendarnos cualquier cosa, pero servir de ejemplo en el ahorro de energía suena a chiste.

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El gran debate nacional

Siempre nos habían dicho que los dirigentes solían poner cortinas de humo delante de los ciudadanos, para que se entretuvieran en lo accesorio y no dieran la tabarra con lo importante. Decían los rojetes que el fútbol era el opio del pueblo en tiempos del franquismo, pero 35 años después está más presente que nunca: Liga, Copa, Champion y Eurocopa a todas horas. 1110000.JPGEl fútbol fue una vergüenza intelectual hasta que se supo que Serrat y Vázquez-Montalbán eran culés y Joaquín Sabina un sufridor del Atlético de Madrid. Por lo tanto, el fútbol por lo visto ya no sirve, porque seguramente será considerado asunto vital, y hay que poner otros temas para distraer. Llevamos más de dos meses debatiendo en los medios, las cafeterías y la calle la nueva Ley del Tabaco, y cuando empieza a agotarse la alegría de unos y el cabreo de otros, nos dicen que hay que bajar la velocidad a 110 en las autovías y autopistas; nuevo gran debate, que inmediatamente es aderezado con otra medida, la de reducir al 50% el gasto en alumbrado en estas vías. Con esto el personal puede ir moliendo una temporadita, hasta que se les ocurra otra gran medida-estrella. Mientras tanto, las cajas de ahorro que son de todos acabarán siendo de unos pocos, y en la Sanidad pública seguirán recetando aspirinas contra el resfriado aunque luego se lo gasten doblado en neumonías y subirán la gasolina con la disculpa de lo de Libia, que aporta un irrelevante 3% de petróleo a la UE. Pero, oiga, lo de los 110 kilómetros por hora sí que es un debate digno de Voltaire.