La sucesión
Hay quien tiene buena mano para llevarse bien con sus ex, y dicen los especialistas que eso ocurre cuando la ruptura se produce antes de que se envenene la relación. El romance de los presidentes del Gobierno de España con el poder debe formar parte de otro negociado, porque todos acaban de mala manera. El único que se marchó discretamente fue Calvo-Sotelo, como transcurrió su presidencia, que uno dudaría si existió de no ser porque calladito nos metió en la OTAN. Suárez dimitió en medio de un remolino, Felipe González fue arrastrado por un rosario de hechos y Aznar, que pudo irse más o menos bien, empezó a liarse casi al final con lo de la guerra de Irak y lo remachó con la mala gestión de la crisis del 11-M. Zapatero lo tiene muy mal, porque esta crisis de caballo se lleva por delante a cualquiera, y creo que está gestionando muy mal su marcha o su permanencia.
En mi opinión, si quiere hacerle un favor a su partido, debería presentarse y perder con la cabeza alta, para que luego un congreso elija a quien habrá de sucederle. Si se marcha, el sucesor o sucesora recibirá un regalo envenenado, porque puede comenzar su camino perdiendo unas elecciones que querrán castigar a Zapatero, que no es el candidato. Eso le ocurrió a Rajoy, y esa es mala cosa para alentar a un electorado. No quiero actuar de adivino, pero haciendo prolongación de los comportamientos de Zapatero, creo que se irá para poder decir que nunca perdió unas elecciones. Y si se va, debe hacerlo ya, anunciarlo antes de las locales de mayo, para quitar al PP la posibilidad de que las municipales y autonómicas se conviertan en un plebiscito. Sin Zapatero, los candidatos arrastrarán menos lastre. Pero a estas alturas no me es posible creer en la generosidad política, porque es costumbre que, mientras los empecinados caen al abismo, lo hagan gritando aquello de «¡Muera Sansón con todos los filisteos!» Y los filisteos son los de su propio partido. Eso hizo Aznar.
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(Las columnas que se quiebran no son las que derribó Sansón en el templo de los filisteos sino las que sostenía el santuario de la justicia social, el estado del bienestar y las conquistas ciudadanas de más de un siglo).