La irracionalidad del fútbol
Con el cierre el mercado de invierno vuelven los titulares sobre fichajes y sueldos de futbolistas. Sabemos que el fútbol de élite, además de un deporte (cada vez menos), es un espectáculo y un negocio que sirve como soporte de la publidad, pero chirría ver que se pagan docenas de millones por un jugador y que estos cobran cantidades irracionales. Lo más triste es que hay gente que lo está pasando muy mal por la crisis y entiende que determinados futbolistas estén incómodos porque cobran menos que otros de su mismo equipo. Hace unos días escuchaba una conversación entre dos lugareños, que entendían que Sergio Ramos se reivindique en el Real Madrid porque cobra «solamente 3 millones al año» (publicidad aparte). El argumento de que la vida de un futbolista es corta no me vale, porque cobrando esas cantidades podrían vivir muy bien 200 años con el salario de una temporada. Y me parece de papanatas poner como ejemplos de buenos chicos a los futbolistas de la Selección española. Digo yo que mejor ejemplos serían cirujanos casi milagreros, científicos que se dejan las pestañas para encontrar soluciones a problemas reales o gente anónima que cada día hace un servicio a la sociedad desde su puesto de trabajo o en sus horas libres. Todos los niños quieren ser Cristiano Ronaldo o Leo Messi, se peinan igual y escupen en la calle como ellos hacen en el césped. Y lo peor es que los medios los enaltecen. Tienen un don, no cabe duda, pero estamos creando falsos dioses.