Antenas de operadoras de telefonía móvil
Los que están tan preocupados por nuestra salud, haciendo leyes que prohíben fumar siempre que se perjudique a otros -y eso está muy bien-, deberían tomar nota de las antenas de las operadoras de teléfonos móviles, que puede que afecten a las personas más de lo que se dice. Los que hayan visto series americanas ambientadas en los años sesenta, o simplemente tiren de memoria, habrán visto que hace cincuenta años ya se sabía lo perjudicial que era el tabaco, pero la publicidad hacía que un hombre fumador fuese más viril y una mujer más moderna si llevaba un cigarrillo entre los dedos. El cigarro era sinónimo de glamour. Se ocultaba el peligro, y la publicidad creó legiones de fumadores, con lo que sería aterrador contar los muertos que ha habido en medio siglo por esa causa.
Con lo móviles puede estar pasando lo mismo, porque mientras unos afirman que tiene efectos nocivos sobre el ser humano otros se valen de estudios supuestamente científicos para decir que el peligro no es tal. Esto de los estudios me hace desconfiar desde que supe que un trabajo universitario holandés afirmaba que la cerveza tiene unas grandes propiedades positivas, otra universidad escocesa determinaba la bondad del whisky como regulador de la tensión y dos estudios -uno francés y otro español- aireaban las virtudes medicinales del vino tinto.
Luego se fue sabiendo que estos estudios estaban financiados por empresas cerveceras, vinateras o destiladores de whisky. ¿Quién me dice que las operadoras telefónicas y los fabricantes de aparatos, con el potencial económico que poseen, no han becado estos estudios sobre el efecto de los móviles? Lo cierto del caso es que hay antenas por doquier, y da la casualidad de que mis trastornos de sueño han llegado coincidiendo con la colocación de una potente antena en una azotea a cincuenta metros de mi mesilla de noche y al lado de un espacio en el que se congregan hasta cinco centros educativos. Ya que están empeñados en velar por mi salud, que lo hagan del todo, porque quiero recuperar el sueño y la tranquilidad. Y si lo escribo aquí es porque reciben por respuesta el silencio administrativo mis escritos a los entes oficiales correspondientes, esos que tocan a rebato cuando les dicen que alguien ha encendido un cigarrillo.