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¿Estado de Alarma? No, gracias

esstaso.JPGEl Estado de Alarma es una excepcionalidad que tiene prevista su aplicación constitucional cuando se va de las manos algo básico para el funcionamiento de un país. Puedo entender (aceptando pulpo como animal doméstico) que los día 3 y 4 de diciembre se produjo esa situación, pero, una vez restablecida la normalidad, el Estado de Alarma tenía que haberse levantado, 48 o 72 horas después. Y si ya era mucho que se agotaran los 15 días que permite la Constitución sin pasar por el Parlamento, que ahora se prorrogue otro mes me parece tremendo. Se aplica bajo el argumento de que pudiera suceder que en las fiestas navideñas se produjera otra crisis; es decir, se hace prevención con una norma que es para aplicar en estado de suma emergencia. Por ese camino, aplicaríamos el Estado de Alarma cada vez que se vislumbre un conflicto con los médicos, los bomberos o cualquier otro servicio básico. La verdadera prevención se hace negociando en las mesas, sin quitar derechos laborales a nadie y programando los servicios públicos con visión de futuro. Que se haya alargado el estado de Alarma no es una buena noticia, que dice muy poco en favor del partido en el poder y de los que lo han apoyado en el Congreso, porque me temo que este apoyo tendrá un precio político que habrá que pagar. Y el PP, que tanto critica esta medida, no es capaz siquiera de votar en contra.

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Premio, medallas, diplomas

A unos les dan la flor de no sé qué; a otros la medalla de nosecuántos, el premio de tal o cual, el Oscar, el Globo, el Oso o la Espiga, la orden de la cacharrería o el guante, la bota o el balón de oro. Todos son personajes famosos en lo suyo y más allá, generalmente bien cubiertos y sin necesidad de más trastos que no saben dónde guardar. essspum.JPGHace unos días le robaron al tenista retirado Peter Sampras un montón de copas y medallas, que tenía guadadas en un almacén de Los Angeles porque en su casa no le cabían, o le molestaban. Por lo visto, obtener uno de esos trofeos o reconocimientos no vale tanto en sí mismo como que te lo den a ti y no a otro. Y luego viene la consiguiente pregunta: ¿Es que ya no se hacen las cosas por el mero placer de hacerlas? Todo tiene que venir corroborado con un premio, una medalla o un galardón que nada añade a lo que se ha hecho, pero, claro, no se trata de tenerlo, sino de que no lo tenga el otro. Luego los guardan en el trastero o un almacén, porque ya son chatarra. ¿Que habrá hecho Jack Nicholson con sus estatuillas de los Oscars, Federer con sus copas o Vargas Llosa con las medallas y los pergaminos que lo acreditan como ganador de incontables premios? Alguien me decía que a los ganadores de Roland Garrós y Wimbledon les dan una copa muy celebrada y a los finalistas una bandeja, que recogen a regañadientes y por lo visto pocos guardan porque esa bandeja es la constancia material de que perdieron la final. Vanidad, espuma, burbujas y no otra cosa. Hacer bien algo ya debería ser suficiente satisfacción.

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Se acabó el pastel

No hacía falta ser adivino para saber hace mucho tiempo que la tarta de las televisiones no iba a dar para que sobrevivieran tantos canales. Profesionales expertos del medio, como Manuel Campo Vidal o Juan Pedro Valentín, lo han dicho aquí y allá cada vez que han tenido ocasión. Y lo que se veía venir ya es una realidad, que empezó con el estampido de Vía Digital y ha seguido con las fusiones de las grandes cadenas. Con la TDT se ha tratado de hacer algunos canales de pago, pero son muy minoritarios; lo cierto es que el mundo audiovisual se mantiene en buena parte por los presupuestos públicos que alimentan las televisiones públicas.
meter-la-pata[3.JPGLuego está el fútbol, que parecía la panacea para salvar al sector, con un mecanismo diabólico por el que pagamos todos. Esto fue el detonante de otra burbuja, la de los millonarios sueldos y traspasos de los futbolistas de élite, en el que enredaron los clubes con el sueño de que la televisión lo pagaría todo. Y la televisión cobra de la publicidad, que es un gasto añadido al precio final del producto anunciado, por lo que al final pasa por caja hasta quien nunca ha visto un partido. Y la burbuja audiovisual empieza a desinflarse, porque encima, con la crisis, los presupuestos públicos se recortan hasta en los canales autonómicos.
Ya están cerrando canales, y esto acabará trasladándose al balón, porque esos dos mundos, los de la televisión y el fútbol muy relacionados económicamente, se volvieron locos pagando a figuras deportivas y mediáticas salarios irracionales. No es sólo que Messi o Cristiano cobren 12 millones libres de impuestos, es que cualquier jugador de segunda división cobra un sueldo que ríete de los controladores aéreos (no he oído decir nunca que Casillas es un privilegiado). Y en la televisión igual: presentadores de tres millones, fichajes de damas de buen ver por un millón… Un disparate, y las pantallas empiezan a estallar.