¿Estado de Alarma? No, gracias
El Estado de Alarma es una excepcionalidad que tiene prevista su aplicación constitucional cuando se va de las manos algo básico para el funcionamiento de un país. Puedo entender (aceptando pulpo como animal doméstico) que los día 3 y 4 de diciembre se produjo esa situación, pero, una vez restablecida la normalidad, el Estado de Alarma tenía que haberse levantado, 48 o 72 horas después. Y si ya era mucho que se agotaran los 15 días que permite la Constitución sin pasar por el Parlamento, que ahora se prorrogue otro mes me parece tremendo. Se aplica bajo el argumento de que pudiera suceder que en las fiestas navideñas se produjera otra crisis; es decir, se hace prevención con una norma que es para aplicar en estado de suma emergencia. Por ese camino, aplicaríamos el Estado de Alarma cada vez que se vislumbre un conflicto con los médicos, los bomberos o cualquier otro servicio básico. La verdadera prevención se hace negociando en las mesas, sin quitar derechos laborales a nadie y programando los servicios públicos con visión de futuro. Que se haya alargado el estado de Alarma no es una buena noticia, que dice muy poco en favor del partido en el poder y de los que lo han apoyado en el Congreso, porque me temo que este apoyo tendrá un precio político que habrá que pagar. Y el PP, que tanto critica esta medida, no es capaz siquiera de votar en contra.