Iconos irrepetibles
Los grandes iconos del cine lo son porque tienen algo especial, que nadie sabe qué es, pero que se filtra en el inconsciente colectivo y nada puede igualarlo. Ahora se va a hacer una película sobre Marilyn Monroe, y ha habido candidatas tan atractivas y sugerentes como Scarlette Johansson, Michelle Williams o Naomí Watts, que es quien finalmente ha sido la elegida. Las tres, y otras muchas que se me ocurren, son muy bellas, grandes actrices y atractivas a más no poder. Pero lo son por sí mismas, pero cuando se las compara con Marilyn pierden todas. Y no es porque Marilyn fuese la más bella, ni la mejor actriz, sino porque era eso, un icono irrepetible que va más allá de sí misma y pertenece a la memoria de todos. Chaplin se presentó de incógnito a un concurso en el que se elegía al mejor Charlot, ¡Y quedó segundo!
La explicación es que hay un Charlot y una Marilyn en la memoria colectiva, y seguramente nadie, ni ellos, pueder igualarlo. ¿Quién podría encarnar hoy a la idea que tenemos (cada uno una distinta) de Bogart, de Brando, de James Dean, de Marlenne Dietricht o de Greta Garbo? Nadie. Hubo una Lolita cinematográfica que fue Sue Lyon, y esa es la imagen que luego no se ha podido repetir, como la Scarlette O’ Hara de Vivien Leigth o el Drácula de Bella Lugosi. Veremos la versión de Marilyn, seguramente harán mucho dinero en taquilla, pero estoy convencido de que nos decepcionará, porque cada uno de nostros se ha construido una Marilyn particular que nunca será la que nos dé una película. Además, Robin Hood es Errol Flynn, Espartaco Kirk Douglas y Hamlet Laurence Olivier, pero el que hemos creado, ni siquiera el de los clásicos que los consagraron.