¿Es la rebeca una prenda machista?
Hay refranes referidos al atuendo que son verdaderos tratados de sociología, en positivo y en negativo, porque para cada refrán suele haber otro que sentencia lo contrario. Mientras uno afirma que el hábito no hace al monje, otro proclama que una mala salida es una afrenta para toda la vida. Existen también ideas que circulan por ahí y que escucho desde hace décadas, como que en tiempos de crisis económica la moda femenina es menos recatada, las prendas son más cortas y escotadas y se muestra mucha piel.
Esto es curioso, porque si fuera así respondería a un dictado que seguiría los diseñadores y fabricantes, porque las usuarias se limitan a comprar lo que se vende. Y se cree esto de forma general porque desde que tengo memoria la gente tiene la sensación de que hay crisis; y las ha habido, pero ninguna comparable a la de ahora. Se aligeró la ropa femenina en los años veinte, que fue tiempo de bonanza, y cuando llegó la crisis del petróleo de 1973 la gente creyó esa era la causa de las faldas cortas, cuando la minifalda llevaba una década en vigor. O sea, que no es exacto ese discurso causa-efecto.
Dicen que el vestuario tiene ideología. Yo no lo sé. Ahora circula por ahí toda una teoría sobre el renacimiento del uso de la rebeca. Puede ser verdad y echando una mirada veo que, después de la revolución sexual de los setenta y de que la ONU declarase 1975 como el Año Internacional de La Mujer, las mujeres comenzaron a tomar protagonismo social, y Giogio Armani e Ives Saint-Laurent lanzaron la chaqueta masculinizada como prenda indispensable del fondo de armario femenino.
Pero veo también que ya estuvo de moda en los cuarenta, aunque era otro tipo de chaqueta, más sofisticada y femenina, que le vimos en docenas de películas a Gene Tierney, Verónica Lake o Ingrid Bergman. La mujer seguía en su sitio, pero después de los setenta la chaqueta significó que salía a trabajar, que tenía un rol social en la calle, como los hombres, y desaparecieron las rebequitas lángidas que disminuían a la mujer, condenándola a su labor de ama de casa.
Y la verdad es que resulta curioso cómo ahora vuelve con fuerza el saquito de punto que daba a Joan Fontaine aire de indefensión en la famosa película Rebeca (que de ahí le viene el nombrecito a la prenda). Los asesores de imagen de la Casa Blanca se la han colocado machaconamente a Michelle Obama, dicen que para quitar fuerza a su imagen, ya que es una mujer intelectualmente muy preparada y con una presencia física imponente por su atura. Hay que difuminarla para que sea su marido el que brille.
Y las rebecas de la señora Obama sin duda imponen moda por su posición. ¿Podría ser que hubiese un contraataque de quienes quieren hacer volver a las mujeres a la cueva? Si así fuera, es muy sutil el mensaje, pero muy demoledor, apartar la fuerza de la chaqueta e imponer la fragilidad de una rebeca que haga dar a la mujer una imagen de desvalidez. Vamos, una campaña subliminal, pero de todas formas es muy aventurado relacionar rebeca con machismo y chaqueta con igualdad. Aunque puede que los sociólogos vean mejor que los demás.