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¿La vida es sueño?

alugosi.JPGSus biógrafos afirman que Johnny Weissmüller acabó creyendo que era Tarzán de los Monos y que Bela Lugosi murió convencido de que era el mismísimo Conde Drácula. Pero eso no sólo pasa con los actores pues cada persona es a la vez personaje, y a menudo interpreta a más de uno, sobre todo si tiene presencia pública. De otra manera, ya lo dijo Calderón en el monólogo de Segismundo, de La vida es sueño: «…Y en el mundo en conclusión / todos sueñan lo que son…»
Y tal vez haya que creerse el personaje, porque no un corredor de Fórmula 1, una estrella de rock o una ilustre neurocirujana tiene que creer que lo son, porque si no fuera así no serían capaces de conducir a esa velocidad, salir a cantar ante miles de personas o abrirle el cerebro a un paciente. Creerse lo que uno es -o debe ser- da confianza.
Lo que pasa es que a veces el asunto se excede, y yo entiendo que un ministro tenga que creérselo para poder asumir esa responsabilidad, pero cuando ya no lo es no se cree ministro. Por eso me pregunto los ex-presidentes de Gobierno se creen en la obligación de intervenir públicamente cuando ya no ocupan el cargo, porque siguen creyéndose presidentes, o incluso más. O lo sueñan, como en la obra de Calderón.

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Leyes, normas, prohibiciones

Cuando hablamos de Estado de Derecho supongo que pensamos en un estado regido por leyes que son iguales para todos. Y es verdad que las leyes son iguales según la letra, pero luego vienen las interpretaciones, los prejuicios y los abogados de minutas carísimas. Pero es que, además, la mayor parte de las leyes aplicables a las personas son para prohibir algo, so pena de recibir una sanción.
apantal.JPGMenos mal que, desde la Revolución Francesa, todo el mundo es inocente de entrada, y es el ministerio público el que tiene que demostrar con pruebas que es culpable. Antes era al revés, eras culpable y tú tenías que demostrar tu inocencia, asunto muy complicado, porque a menudo sólo tienen coartada aquellos que la necesitan, porque, por ejemplo, no recuerdo dónde estaba yo y qué hacia la tarde del 17 de enero entre las 6 y las 7.
Pero este Estado se empeña en normativizarlo todo: lo que bebes, lo que fumas y un día de estos hasta lo que comes. Acabaremos vistiendo como mande un decreto, según las profesiones, como ocurría con los gremios en la Edad Media, que si eras panadero, aunque hicieras fortuna y fueses rico, no podías vestir seda, porque eso era un tejdo de hidalgos para arriba. Bien está que haya castigo para los criminales, pero es que estamos llegando a un punto en el que legislarán las recetas de cocina. Y tanta norma para nada, porque en el bar de enfrente montan una ruidosa juerga que no deja dormir al vecindario, y no pasa nada. Castigan lo más inverosímil y no actúan cuando va en beneficio de la mayoría.

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Hoy no me quiero levantar

zzDSCN3020.JPGHoy no me quiero levantar, como en aquella canción de Mecano, porque miras alrededor y sólo ves desgracias, tragedias, catástrofes. Como una muestra cercana, las inundaciones de Tasarte y los destrozos en las islas occidentales, y luego una borrasca detrás de otra, y hasta un ciclón. Nos llegan noticias terribles de todas partes, masacres ocasionadas por el hombre enarbolando banderas supuestamente positivas, y desastres naturales que pocas veces ocurren en tan poco tiempo. Es como si hasta el planeta se hubiese vuelto loco. Todo duele, pero duele más cuando hay un hilo afectivo. Madeira y Chile son como de la familia, pero también son muy cercanos Haití y la Francia destrozada por el temporal. Por eso hoy no me quiero levantar, mientras esté calentito en mi cama no pasará nada, como decía Agustín Millares, vivo en mi torre solo y no sé nada. Si no pongo la radio, no miro Internet ni leo la prensa, no me entero, porque tal vez los medios hablen del número de parados o de la barrabasada que propone la CEOE para el empleo de lo jóvenes. A veces es mejor no saber. Por eso hoy no me quiero levantar Si me lavantase, tal vez escribiría sobre el pulso Madrid-Barça, los previos al Oscar o cualquier otra cosa amable, como una huida. O sobre los poemas de Teresa Iturriaga o los libros recientes de Santiago Gil, Ángeles Jurado y Juan Ramón Tramunt. Lo mismo me levanto y en lugar de escribir me pongo a leer cualquier cosa que no sean noticias.