¿La vida es sueño?
Sus biógrafos afirman que Johnny Weissmüller acabó creyendo que era Tarzán de los Monos y que Bela Lugosi murió convencido de que era el mismísimo Conde Drácula. Pero eso no sólo pasa con los actores pues cada persona es a la vez personaje, y a menudo interpreta a más de uno, sobre todo si tiene presencia pública. De otra manera, ya lo dijo Calderón en el monólogo de Segismundo, de La vida es sueño: «…Y en el mundo en conclusión / todos sueñan lo que son…»
Y tal vez haya que creerse el personaje, porque no un corredor de Fórmula 1, una estrella de rock o una ilustre neurocirujana tiene que creer que lo son, porque si no fuera así no serían capaces de conducir a esa velocidad, salir a cantar ante miles de personas o abrirle el cerebro a un paciente. Creerse lo que uno es -o debe ser- da confianza.
Lo que pasa es que a veces el asunto se excede, y yo entiendo que un ministro tenga que creérselo para poder asumir esa responsabilidad, pero cuando ya no lo es no se cree ministro. Por eso me pregunto los ex-presidentes de Gobierno se creen en la obligación de intervenir públicamente cuando ya no ocupan el cargo, porque siguen creyéndose presidentes, o incluso más. O lo sueñan, como en la obra de Calderón.