Impostores, anónimos y aprovechados

Salinger es un escritor tan huidizo de los medios, que nadie ha podido entrevistarlo en 60 años. Es el autor de la novela El guardián entre el centeno, un libro que se ha convertido en mítico por razones que ningún crítico ha sabido explicar, porque no basta con su autor sea un tipo raro y casi anónimo, puesto que hay otros autores, como Thomas Pinchon, que tampoco se dejan ver por nadie y sus libros no son como objetos sagrados, aunque sean magníficas novelas, que lo son.
F071D331LH01[1].jpgUn escritor sueco ha querido sacar partido de la leyenda de esta novela americana de los años cincuenta y ha publicado una que titula 60 años después y que se publicita como una especie de secuela de la de Salinger. Un juez de Nueva York ha impedido su publicación en Estados Unidos tras la demanda interpuesta por Salinger, lo que nos viene a decir que si queremos saber de Salinger hay que provocarlo para vaya al juzgado, aunque mucho me temo que él no habrá comparecido personalmente.
Quién sabe si esta novela es buena, y hasta original, pero su autor, o su editora, han metido la pata al decir que es una segunda parte de El guardián entre el centeno. Lo mismo Salinger se cabrea y escribe él una verdadera segunda parte. Esto ya le pasó a Cervantes, cuando un tal Avellaneda publicó una segunda parte apócrifa de El Quijote, lo que espoleó a don Miguel a hacer la suya, la que conocemos hoy, Hay quien dice incluso que el tal Avellaneda no era otro que Lope de Vega, que le tenía tanta tirria a Cervantes que quiso ridiculizarlo escribiendo un libro suyo falso. Pero eso ya pertenece a la historia turbia de la literatura, que es casi toda.
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La foto e suna de las escasas imágenes que se tienen de Salinger, tomada sin su permiso y que yo he tomado a mi vez de «El periódico» de Cataluña.

Un comentario en “Impostores, anónimos y aprovechados”

  1. Así de rarita es la literatura, por eso creo yo que es democrática, porque uno hace una obra de arte de lo que le parece.
    Ahorita mismo estoy leyendo «Salamina», de Javier Negrete. La cosa no es muy allá como novela, pero el caso es que me ha hecho ir un montón de veces a consultar la enciclpedia. De modo que yo ya me he creado otra obra de arte sólo por eso.
    Por ejemplo.

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