Si es cierto que el fútbol es un botón de muestra de la sociedad, vamos listos. Yo no creo que sea así, pero sí que en sus alrededores se ve la radiografía de lo que realmente interesa. Podríamos decir que el cotilleo futbolístico es un baremo del pensamiento colectivo, y eso es lo que me hace temblar.
El domingo el Tenerife puede ser matemáticamente equipo de Primera División, y si no lo será el domingo siguiente, porque tendría que ocurrir una catástrofe para que no ascendiera. Yo no lo celebraría, porque ya saben que para mí el fútbol es sólo eso, fútbol, y salir a la calle en procesión no me sale en ningún caso, pero sí que me alegraría que un equipo canario estuviese entre los grandes.
Con motivo de este hecho meramente deportivo, salen a flote los fanatismos viscerales y los debates estériles. Cuando tenemos el índice más alto de paro del Estado, cuando atravesamos un momento en el que hay que plantearse cuestiones económicas muy duras para el futuro, cuando el mundo pende de que a cuatro locos les dé por apretar un botón, o asistimos a noticias como que narcos que operan en Canarias pasaban dinero a células islamistas, me parece suicida andar en si le quitamos o no el «Gran» a Gran Canaria, en si volvemos a la provincia única anterior a 1927, o si por el contrario avanzamos hacia la doble autonomía. Viendo estas cosas, me da la impresión de que andamos por los años setenta o que hay mucha gente que no ve cómo está el mundo más allá de La Isleta y de Anaga. Por ello creo que el fútbol es un baremo sociológico muy peculiar.
Un comentario en “Un baremo sociológico muy peculiar”
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Mira, Emilio: Yo me creí los cuentos que me hacían sobre lo malo que era Franco y lo buena que era la democracia. Mientras, sonaba de fondo aquello de guañok achamán, o lo de atis tirma, y el libro era el natura y cultura. Yo fui uno de aquellos aprendices de pibillos que ahora somos cuarentones largos.
Tú eras uno de aquellos maestros en prácticas, que ya no usabas pana, ni tenías un mini, ni aquellas horrorosas gafas. Tú creías en la huelga, en la libertad, en la igualdad…
La sociedad no ha cambiado nada: seguimos evolucionando a monos. Y algún día lo conseguiremos. La sociedad será siempre la misma. Pero nosotros seguiremos creyendo que se puede subir a nacer conmigo, hermano; pidiendo manos desde la profunda zona de dolores diseminados.
Porque no nos moverán.
Saludos maúros.