La memoria exige justicia

Hace treinta y seis años que Pinochet, la ultraderecha chilena y la política del letal tándem Nixon-Kissinger quebraron la democracia de Chile, un ejemplo hasta entonces para toda América Latina. La crueldad y el ensañamiento con que trataron de arrasar cualquier idea libre fue de una contumacia espeluznante. Recordar lo acontecido en el Estadio nacional, convertido en campo de exterminio, es para echarse a temblar.
foto12[1].jpgVíctor Jara se convirtió entonces en uno de los emblemas de la resistencia tanta barbarie. Después de la muerte de Allende en el Palacio de La Moneda, el cantautor chileno es un icono de la libertad de expresión, de la denuncia de los intelectuales, de los hombres coherentes. Si como dice Javier Cercas sobre Adolfo Suárez, un hombre puede resumirse en un solo instante de su vida, Víctor Jara es una voz solidaria, comprometida y asesinada. Eso es lo que queda.
Ahora han exhumado su cadáver y tratan de identificar a sus asesinos. Nunca es tarde, y por eso sigo sin entender esa negación de la posibilidad de la memoria justa que hay en España. Mientras los muertos no estén bien enterrados no habrá justicia, y deberíamos tomar ejemplo de Chile, y salir de una vez de esta cerrazón carpetovetónica que sigue dejando los restos de García Lorca en un barranco y los de muchos asesinados en cunetas vengonzantes.

Un comentario en “La memoria exige justicia”

  1. Emilio: uno de los momentos más escalofriantes y emotivos de los que recuerdo es aquel en el que estuve de pie frente a la tumba de Víctor Jara en el Cementerio General de Santiago de Chile hace ahora tres años. Recuerdo que en voz baja me dije/le dije «Víctor, pero ¿qué te han hecho?». La visita que giré entonces a la Fundación Víctor Jara no fue mucho más esperanzadora: se trata de un vetusto edificio situado en la Plaza Brasil, en pleno centro de Santiago, que no recibe ayudas ni subvenciones de ningún tipo. Una institución que sobrevive a duras penas de la caridad de los que la visitan. Por si fuera poco, el edificio es todo de madera: una simple chispa mal llevada haría que se perdiera para siempre todo el archivo que se guarda allí. La Bachelet debería hacer algo más que arreglarse el pelo y demostrar que es digna heredera del legado de Allende…
    Por cierto, que aquí no nos va mucho mejor. Esta semana he estado en la Sima Jinámar y he comprobado con honda tristeza que nadie ha hecho nada en favor de preservar un entorno históricamente tan significativo y geológicamente tan singular. El Cabildo de Gran Canaria limpió su conciencia a principios de los noventa declarando la zona Bien de Interés Cultural, pero hasta ahí. Ni una triste señal, ni un triste recuerdo por parte de las instituciones. Lamentable.
    La memoria exige justicia (aquí y ALLENDE los mares…)

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