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¡Hipócritas!

eluana.JPGDa vergüenza ajena la actitud recalcitrante e hipócrita de los sectores más conservadores de la sociedad italiana -y de la española por extensión- en el caso de Eluana Englaro. La afirmación del senador conservador trasalpino Gaetano Quagliariello («Eluana no ha muerto, la han matado», dijo), en plena cámara, es un insulto a la inteligencia y a la dignidad. Esa derecha feudal y fanatizada que dice defender la vida, es la misma que trata como ganado a los inmigrantes, que se corrompe con medios de comunicación públicos, que quiere que Italia vuelva al fascismo del Duce.
Muchos de los que tienen connivencias con organizaciones criminales organizadas, cuya ocupación principal es matar, se erigen en defensores de la vida. Hipócritas. Lo mismo que ha ocurrido en España cada vez que se habla de reglar el aborto, mientras sus hijas abortan en secreto en clínicas privadas del extranjero. Es que dan ganas de vomitar.
Y La Iglesia. ¡Dios Santo! Si Jesucristo apareciera por El Vaticano los echaría a latigazos de San Pedro. Nada dicen contra la pena de muerte (Algunos jerarcas españoles bendecían las que firmó Franco), proscriben el uso del preservativo, con lo que condenan a muerte por sida a millones de personas en el Tercer Mundo, se alían con los paramilitares que matan por gusto.Y luego arman un pifostio por el asunto de Eluana. Qué escándalo (ya conocen la cita evangélica sobre el escándalo y la piedra de molino).
kkk.JPG Tengo que decir, que me refiero al sector fundamentalista que gobierna La Iglesia Católica, no a sus fieles, creyentes y muchos de sus clérigos que van con la verdadera voz de la vida, de los pobres, de los que sufren. Y recuerdo al inolvidable Monseñor Pildáin, que hoy sería muy mal visto por el Vaticano por denunciar los demanes de la dictadura.
Y esa derechona feudal y casposa pretende darnos lecciones de vida, cuando Berlusconi ha demostrado que sólo le interesa su propio negocio, y para ello utiliza al Estado. La verdad es que no sé dónde tenían la cabeza los italianos cuando lo eligieron.
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(Esta es la versión políticamente correcta, porque si dijera lo que pienso con todas sus letras lo más suave que diría sería SEPULCROS BLANQUEADOS, como dijo Jesucristo a los fariseos).

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La memoria merecida de Juan Alvarado

pf.jpgAcaba de ver la luz el poemario Al este del desdén, de uno de nuestros grandes poetas, Pedro Flores, que, hablando en términos deportivos, está en un momento de forma magnífico, puesto que acaba de ser premiado también en Valladolid. Hablaré más largo de este poeta y de su obra, pero ahora lo que quiero es resaltar el premio que dio lugar a este libro.
Se convoca por parte del Ayuntamiento de Santa Lucía de Tirajana y lleva el nombre de Certamen Poético Juan Alvarado. ¿Quién es Juan Alvarado? Por desgracia tenemos que decir que fue un hombre extraordinario, un maestro de escuela que llevó su labor mucho más allá de lo que se le pedía. Hizo una gran labor social y cultural en toda la zona de Vecindario y Doctoral, y demostró siempre que pensaba más en los otros que en sí mismo.
Cuando estuvo en política siguió con su misma humanidad. La muerte le llegó temprano, y es de ley recordar la inmensa labor de este hombre. Convocar un premio de poesía con su nombre es un buen homenaje. Juan Alvarado, «Juansito», queda así en la merecida memoria de todos. Quienes lo conocimos sabemos que era uno de los hombres imprescindibles que dijera Bertol Brecht.

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DOMINGOS IM-POSIBLE (VII)

Crimen
Agustín Espinosa es probablemente el escritor más intenso que ha dado Canarias en el siglo XX. Vivió en una época también intensa; en su adolescencia lo poseyeron de golpe el modernismo, el novecentismo y el dadaísmo; en su juventud universitaria la sombra de sus amigo García Lorca y Luis Buñuel, experimentando por el Madrid intelectualizado y prerrevolucionario de Ernesto Giménez Caballero. En su prematura madurez se bañó en surrealismo, con sus amigos de Gaceta de Arte y con su propia intensidad.
ae.JPGSin duda, Lanzarote fue piedra de toque en su escritura, como lo sería luego en la narrativa de Rafael Arozarena o en la visión plástica de César Manrique. No se puede sentir Lanzarote y permanecer impasible. El grueso de la escasa pero definitiva obra de Espinosa tiene mucho que ver con Lanzarote, y seguramente él la entendió mejor que nadie, como una mujer con la que se mantiene una relación sadomasoquista, una mujer bella pero fatal, como luego sucedería a Arozarena con Mararía.
De su estancia en Lanzarote como profesor nacen muchas de su mejores páginas, y aunque su escritura fue posterior a su estancia, la novela Crimen (1934) nunca habría podido ser escrita por alguien que no hubiera respirado el aire azufrado del volcán conejero. Crimen es un edificio de palabras que se encadenan en una obsesión, algo abyecto y sucio y a la vez inocente y sublime. Esa polivalencia de la prosa de Agustín Espinosa lo hace merecedor del podio más extraño de nuestras letras, el de la prosa que no narra sino que incita, las palabras que dicen una cosa y hace que entiendas otra. Surrealismo.
En 1985, con motivo del Congreso de Escritores se rendía un homenaje a Cela, presidente del Congreso, y Sánchez-Dragó, que hacía de camarlengo de aquella ceremonia, dijo con todas las letras que Cela había escrito la primera novela surrealista española. Y dijo mal, porque hasta se confundió de título, pues nombró otra que ni siquiera lo pretende. Del fondo de la sala surgió la voz de Jorge Rodríguez Padrón con un airado «¡Eso es mentira, la primera novela surrealista española es Crimen de Agustín Espinosa!»
Geria.jpgTenía razón Jorge, tanta que el moderador de la mesa, el académico Castillo-Puche lo mandó salir del salón de actos. Sobra decir que todos los escritores canarios allí presentes también salieron y dejaron a Sánchez-Dragó con la palabra en la boca. Total, si iba a seguir diciendo mentiras…
Crimen es la primera y acaso una de las pocas novelas surrealistas escritas en España. Una obra provocadora y soez, digna de un escritor que pretendía subvertir el orden de las palabras y las cosas. Cada frase es de una intensidad inusitada, es como un breviario que hay que leer con regusto para irlo meditando. Lástima que su autor muriera a los 42 años, en 1939, sin tiempo para rematar lo que ya es un punto de anclaje en nuestra literatura.