Hoy hace 25 años que se nos murió Julio Cortázar. Confieso que a mí los experimentos artísticos no acaban de entusiasmarme, aunque entiendo que son necesarios para la evolución del pensamiento. Como disfrute, prefiero las obras compactas, bien hechas, porque ya es complicado hacerlo así. Nunca me volví loco con El Ulises de Joyce, ni tampoco con Rayuela, de Cortázar, pero sé que son obras que tienen un significado en el trayecto de la literatura.
Por eso tampoco he sido un entusiasta de Fellini (con frecuencia lo llaman genio), porque en cada película hay dos o tres momentos sublimes, pero hay que aguantar hora y media para encontrarlos. Digo sin dudar que dos de las escenas que más me han conmovido en un cine han sido el ataque de los helicópteros en Apocalipse Now, mientras Robert Duval hacía surf y sonaba por los altavoces La cabalgata de las walquirias, y la secuencia del tobogán de La ciudad de las mujeres, de Fellini. Pero sigo prefiriendo a Coppola, porque lo que a mí me gustan son las historias con pulso.
Pero Cortázar era grande, y yo prefiero al Julio de los cuentos, la atmósfera terrible de La casa tomada, a su saxofonista, a la chica del Citroën en el atasco de la autopista. Cortázar es con Borges, Rulfo y Arreola la cima del cuento en castellano. Era argentino pero nació en Bruselas, porque los argentinos, como los de Bilbao, nacen donde les sale de los cojones. Y se nos murió. Joder, y ya hace un cuarto de siglo.
Un comentario en “Joder, hace ya un cuarto de siglo”
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Aunque no soy lo que se dice un gran lector, he de reconocer que pocas cosas me han llenado más que los cuentos que he podido leer de este señor. La casa tomada, en especial, es un prodigio: hacernos sentir miedo a… nada, a las palabras nada más.