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Escritores, poder y miedo

Saviano.jpgDesde siempre ha habido relaciones entre los intelectuales y el poder, cualquier poder. Los escribas egipcios, los dramaturgos griegos y los petas y filósofos latinos tuvieron una relación cercana al poder, cuando no eran el mismo poder como Julio César o Marco Aurelio.
El Renacimiento y el Barroco fueron posibles a la sombra de poderes civiles, reales o eclasiásticos, y sólo empieza a hacerse más libre la creación después de la Revolución Francesa, aunque el poder siempre ha querido tener a su lado a los artistas, o los ha perseguido cuando el poder ha sido totalitario y estos se le oponían.
Esto viene a cuento por la sentencia de muerte que la Camorra napolitana ha decretado para el escritor Roberto Saviano, por haber desvelado en su libro Gomorra los más oscuros secretos de esa mafia sureña que condiciona la ciudad de Nápoles y toda su comarca. Saviano anda escondido, pero matar es fácil, y cada uno tiene el miedo que quiere o puede soportar. Depende del carácter de cada cual, pero hoy Saviano, como ayer Pamuk, Gelman y tantos otros, nos dicen con su actitud valiente que ser un escritor de verdad es mucho más que escribir bien.

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No más muros

muro.jpgLa noche del 9 al 10 de noviembre tendrá durante décadas una significación especial para Alemania y para el mundo. Es el haz y el envés del binomio intolerancia/libertad. Al caer la tarde del 9 de noviembre de 1938, comenzó la detención de judíos en Alemania, Austria y Checoeslovaquia, y se los llevaron a los campos de concentración por orden de la SS. Fueron asesinadas docenas de personas de raza judía o de culto judaico, y significó el silbato de un nuevo éxodo, del que no pudieron librarse los seis millones de judíos que murieron en el holocausto que se desarrolló durante siete años (1938-1945), aunque muchos creen que sólo comenzó cuando se determinó la llamada «solución final». La mañana del 10 de noviembre de hace setenta años amaneció negra, sin esperanza, teñida de odio.
Y es precisamente la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989 cuando cayó el Muro de Berlín, símbolo de otro modo de intolerancia, que fue levantado también en noviembre de 1960. Yo prefiero quedarme con este último 10 de noviembre, un día en el que fue vencido el miedo y resurgió la esperanza. Los intransigentes que creen tener el designio de ostentar siempre el poder amenazan constantemente con una guerra si no gobiernan ellos. También serán vencidos por la voz de los pueblos, porque ninguna clase social, ninguna persona, tiene más derechos que los demás. Hay quien sigue creyéndolo, pero llegará otro 10 de noviembre en el caerá el último muro y tendrán que acatar de una vez por todas lo que es justo.

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Un ramito de violetas

cecilia].jpgHoy quiero hacer una concesión a la nostalgia, porque aunque ya no es lo que era -que dijera la actriz francesa Simone Signoret en sus memorias- hay nostalgias necesarias porque tienen que ver con un cambio de época y la evolución de las sociedades.
Cecilia fue una cantante que pasó fugazmente por todos nosotros en los años setenta, y nos marcó con su querida España, porque decía con música y versos aquello que nosotros queríamos expresar y no sabíamos. Sus canciones calaron en toda una generación, y cualquiera de ellas es como un himno: Dama, dama, Amor de medianoche y, sobre todo, Un ramito de violetas, una canción que nos descubre que la sensibilidad a veces se enmascara en el silencio. Años después, Manzanita hizo una versión aflamencada que también es fantástica, y que la recordamos como otra época importante de nuetras vidas y nuestra sociedad, los primeros años ochenta, aquellos en que todo era ilusión. Por eso hoy, 9 de noviembre, me acuerdo del ramito de violetas de Cecilia.
Ya saben: cada nueve de noviembre le enviaba de forma anónima un ramito de violetas.
(La foto es de César Lucas)