Madonna
Madonna ha actuado en Sevilla y en Valencia, y tengo que poner sobre la mesa mi admiración por la cantante y por la ciudad del Guadalquivir.
Pongo por delante que no soy ni de lejos seguidor de Madonna, que a veces me parece excesivamente provocadora su puesta en escena cuando se interna en los credos religiosos de los demás, y que sus canciones me parecen todas iguales (también me pasa con Alejandro Sanz), pero es seguro que es una percepción mía porque no he entrado en su universo, porque es evidente que algo tendrá el agua cuando la bendicen.
Mi admiración por la cantante proviene de su capacidad para generar interés y estar como una adolescente con cincuenta años cumplidos. No es una vieja rockera como Mike Jeager o Miguel Ríos, que mueve a la nostalgia; es plena actualidad, siempre renovada.
La admiración por Sevilla es envidia al ver cómo la ciudad se gasta bien el dinero. Trae a una primera figura y genera diez veces en negocio el dinero que invierte. Eso no sabemos, no podemos o no queremos hacerlo aquí, porque cuando montamos un escenario con ayudas públicas no tiene resonancia fuera y encima perdemos dinero. En fin…