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Madonna

Madonna ha actuado en Sevilla y en Valencia, y tengo que poner sobre la mesa mi admiración por la cantante y por la ciudad del Guadalquivir.
madonna.jpgPongo por delante que no soy ni de lejos seguidor de Madonna, que a veces me parece excesivamente provocadora su puesta en escena cuando se interna en los credos religiosos de los demás, y que sus canciones me parecen todas iguales (también me pasa con Alejandro Sanz), pero es seguro que es una percepción mía porque no he entrado en su universo, porque es evidente que algo tendrá el agua cuando la bendicen.
Mi admiración por la cantante proviene de su capacidad para generar interés y estar como una adolescente con cincuenta años cumplidos. No es una vieja rockera como Mike Jeager o Miguel Ríos, que mueve a la nostalgia; es plena actualidad, siempre renovada.
La admiración por Sevilla es envidia al ver cómo la ciudad se gasta bien el dinero. Trae a una primera figura y genera diez veces en negocio el dinero que invierte. Eso no sabemos, no podemos o no queremos hacerlo aquí, porque cuando montamos un escenario con ayudas públicas no tiene resonancia fuera y encima perdemos dinero. En fin…

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Cerrar el duelo

Esta tarde-noche pasada ha estado marcada en nuestra ciudad por el funeral-homenaje a las víctimas del accidente aéreo de Barajas. Como siempre, el dolor queda en segundo plano, cegado por los relucientes fogonazos que alumbran a los Príncipes de Asturias y al Presidente Zapatero. Es la foto que nunca hubiéramos querido por el origen de su visita, y hay que reconocer que los políticos han estado discretos y silenciosos como nunca.
catedral.jpgSeguramente voy a hacer llover sobre mojado sobre el debate de si celebrar o no un funeral católico. En eso estoy con el Obispo, la Iglesia ofrece lo que tiene, que es un ritual católico, y quienes sean de otros credos deben hacer lo mismo en sus respectivas confesiones religiosas. No me parece lógico tratar de impedir que una religión como la católica se manifieste con sus costumbres de siempre.
Ahora bien; no es la Iglesia Católica, sino los poderes públicos los que han actuado por inercia, porque son ellos los llamados a convocar un acto civil para todas las víctimas, cualesquiera que fuesen sus credos. Es en ocasiones como esta cuando hay que ser generoso con todos. Y el funeral hacía falta, porque hay que cerrar el duelo y tratar de seguir adelante.
Desde este pequeño rincón de la red, envío de nuevo mi solidario abrazo a todas las familias de los fallecidos. Y aunque mi ideal no es la monarquía, debo reconocer que el apoyo con su presencia de los Príncipes de Asturias ha sido importante en medio de tanto dolor. Pues sí, para eso sirve un príncipe, y si hace lo que tiene que hacer, pues vale.

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Una broma infinita

David Foster Wallace se ha suicidado. Este parece ser el sino de los que son calificados como genios, aunque ya he dicho muchas veces que en los únicos genios que creo son en los que salen de las lámparas.
david foster.jpgEstá claro que Foster fue un gran novelista, autor de Una broma infinita (1996), una de esas novelas que quedan prendidas en la historia de la literatura, aunque todavía no hay perspectiva para afirmar que es un libro que va a quedar en el Parnaso de los novelistas. La muerte por enfermedad, accidente o suicidio es sin duda una de las maniobras publicitarias más rentables, y graba en el mito a cualquier personaje que esté destacando en ese momento. Pasó con muchos cantantes de rock, con estrellas de cine y con escritores, como Kennedy O’Toole, el autor de La conjura de los necios, con Scott Fitzgeral, con Roberto Bolaño y si me apuran hasta con el mismísimo Hemingway.
Aparte de sus problemas psiquiátricos, está claro que Foster ha querido inscribirse en el mito. Es una pena, porque quienes lo conocían dicen que lo mejor de su literatura estaba por llegar. Pero el mito tira, y tal vez no le gustó la imagen triste de Paul Newman yéndose del hospital a morirse de viejo a su casa. Seguramente prefirió a un James Dean siempre joven en los anuncios de tejanos. En cualquier caso, descanse en paz y recomiendo su novela-fetiche.