Que el Aston Martin de Carlos de Inglaterra funcione con combustibles biológicos es un mensaje ecológico de alta graduación. Lo que me parece más complicado es que ese combustible proceda del vino, lo cual viene a resultar un contrasentido en la campaña de incompatibilidad entre alcohol y carretera.
Coches raritos ha habido tanto en la realidad como en la ficción, desde el ya mítico coche fantástico hasta el extraño DeLorean de la película Regreso al futuro, que era en la práctica una máquina del tiempo. Ya verán cómo empieza a haber clases también en el combustible, y los camiones andarán con orujo, los utilitarios con cerveza, los de alta gama con vinos de reserva y los Rolls-Royce con champán francés.
Lo coches asturianos con sidra, los gallegos con Ribeiro, los castellanos con Ribera del Duero, los aragoneses con Cariñena y los andaluces con Jerez. Los madrileños, como siempre funcionarán con todo, sea Rioja, Priorato, vino del Penedés o chacolí vasco. Incluso con ron del Caribe.
En Canarias, las guaguas municipales funcionarán con whisky (en Las Palmas todo es importado), los coches de línea que van al interior de las islas con ron de Arucas, Tejina o La Aldea, los taxis con vino del Monte, La Geria o Tacoronte y los particulares con lo que pillen, sea destilado o fermentado. Volvemos sin remedio al Fotingo de Molina. Y no se extrañen de que acabemos bebiendo queroseno.
¡Brindo por el futuro con gasolina de 98 octanos, gran reserva saudí de 2003!
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