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El «suspiro» de los tasarteros

Un estrecho pasillo. El acantilado de más de 600 metros de altitud. Un viejo camino flanqueado por pinos canarios y rocas puntiagudas. El Valle de Tasarte al fondo, al doblar la esquina, el alba de un nuevo trabajo, la aventura cotidiana de la subsistencia. Un sentimiento al dejar atrás tu pueblo, a tu familia.
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El Paso de Tasarte tiene una significación sentimental para los tasarteros. Un viejo camino de piedra sobrevive en el lugar que llaman «Los Picachos» por las formas altas de los roques (con apariencia fálicas en algunos casos). Era el habitual paisaje de los tasarteros al caminar por este anden cuando iban a Tejeda o al pinar a trabajar.
Cuando volvían y afrontaban el pasillo estrecho, el tramo del andén, al girar una curva descubrían su pueblo. Es el punto que llamamos el Paso de Tasarte o el «suspiro» de los tasarteros. El alivio de sentirse cerca de casa. Estaban a menos de una hora para abrazar a los suyos. Seguramente, la dureza del camino tenía su recompensa.
Tasarte doblemente aislado.
Al otro lado de las montañas de Hornos e Inagua, se encuentra el Valle de Tasarte. Configura una cuenca hidrográfica de más de 12 km de longitud con una superficie aproximada de 30,90 km2. Su punto más alto se sitúa entre las Montaña de Inagua, de Los Hornos y de Ojeda. Es el Cañadón de Tasarte, a casi 1.322 metros de altitud s.n.m., y siguiendo el curso del barranco llega a desembocar directamente en la mar (Playa de Tasarte). A lo largo de su recorrido infinidad de barranquillos, cárcavas y cañadas laterales van sumando aporte pluvial. Además, todo el conjunto, forma un auténtico laberinto para los senderistas.
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