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El coronavirus en el Día mundial del planeta Tierra

ANTE LA INCERTIDUMBRE EN EL DÍA MUNDIAL DEL PLANETA TIERRA: CANARIAS HA DE RE INVENTARSE EN UN ARCHIPIÉLAGO DE CERTEZA    

Artículo de Eugenio Reyes publicado en el C7, edición impresa, el día 30 de abril de 2020.

Hoy 22 de abril nuestro planeta está herido, profundamente herido, no solo por crisis climática global, o pérdida de especies vivas, o la pérdida de sus hábitats naturales a ello hay que sumar las pandemias, como el covid-19, o malaria, fiebre amarilla etc. Lo cierto es que en este momento más de 20 grandes pandemias asolan el planeta como consecuencia de profundas alteraciones que estamos produciendo en nuestra frágil naturaleza.

Podríamos preguntarnos ¿Qué está ocurriendo en nuestro planeta? Hemos pasado de habitar una bioesfera con una lógica de la supervivencia de la vida, con unas leyes naturales que han evolucionado durante 4.000 millones de años a leyes exclusivamente humanas producto de sistema de explotación globalizado.

Un fenómeno extraño y patológico que está acabando con bioesfera, esa piel muy estrecha que envuelve al Tierra de apenas unos 20 km de espesor. literalmente, su clima y su vida se está muriendo.

Hemos pasado de una bioesfera en equilibrio natural, a un aumento masivo de la biomasa de ciertos mamíferos, tanto de humanos por aumento exponencial de nuestra población como su brutal forma de actividad económica.

La progresión reproductiva humana ha sido aritmética. Según los cálculos recientes hemos pasado del 0,2% al comienzo de nuestra era, cuando éramos apenas 200 millones de personas, hasta el 17% actual, con unos 7.000 millones de humanos sobre la faz del planeta. A esto hay que añadir que, si tomáramos el peso, solo como ejemplo la masa de ganado de cabras supera a la masa de todos los animales salvajes mamíferos que aún existen. El conjunto de toda la ganadería aún supera en más de dos veces la biomasa de la humanidad. Podemos comparar al ser humano como un ser patogénico, no sólo por el desequilibrio que genera nuestra sobrexplotación en la bioesfera, sino también por su capacidad destructiva y contaminante. Cuando afectamos a un organismo, también generamos modificaciones en el ecosistema y hacemos que también enferme, y éste es el caldo de cultivo para las zoonosis, enfermedades trasmitidas de los animales a las personas, como la actual pandemia de coronavirus que hoy padecemos.

Además, las relaciones comerciales, intensificadas por la globalización, aceleran los ritmos de contagio y propagación. Todas las grandes pandemias que ha padecido la humanidad son productos de graves modificaciones bioclimáticas producidas por la actividad económica de los seres humanos. Esto no es nuevo, ya la peste negra hizo estragos en la Venecia del s.XIV como centro económico de la época.

Con la intensificación de la producción ganadera de la era moderna de la globalización hemos logrado que el ganado sea el 68% de la biomasa de los mamíferos, lo que, junto al aumento de las vías comerciales, está disparando las posibilidades de desarrollo y dispersión de las zoonosis.

Por otro lado, para hacernos una idea, cuando el coronavirus estaba “aterrizando” en España, se estaban celebrando 400 partidos de fútbol, otros 1.000 eventos deportivos, 18.000 misas, y cientos de concentraciones multitudinarias en las grandes superficies comerciales, nuestra ingeniería social, pensada para la distribución masiva de bienes y servicios de la era de la globalización de los mercados es la autopista perfecta para que corra a toda velocidad el coronavirus u otras pandemias que no tardaran en visitarnos.

La pandemia del coronavirus a igual que otras pandemias que en la actualidad asolan el planeta (Malaria, sar, fiebre amarilla etc.) son la consecuencia directa de un modelo de economía globalizado donde coronavirus solo es una más. Sorprende reconocer que un virus que se expanden de metro en metro, cuerpo a cuerpo invade los países financieros y consumistas del mal llamado primer mundo, y todo eso, en muy poco espacio de tiempo. Esto se explica porque el covid-19 es un virus que se ha convertido en pandemia viajando en avión y con billete de primera clase.

Todas las pandemias que hoy asolan el planeta, tanto las producidas por el estractivismo de los bosques tropicales como el de la ruta del caucho, (Malaria con más diez millones de muertos) o en la producción masiva de soja ( fiebre amarilla con más de cinco millones de muertos) o el coronavirus son consecuencia directa de destrucción masiva de ecosistemas naturales liberando vectores (virus o bacterias), todo ellos solo son la consecuencia de un modelo capitalista de globalización neoliberal letales para la vida sobre el planeta.

La zoonosis planetaria (enfermedades de origen animal que pasan a las personas) necesita de huéspedes intermedios que como vector hace posible que llegue a las personas. Aquí el papel de huésped de la sobredimensionada ganadería industrial planetaria es sin duda un reto para la salud pública de primer orden para el siglo XXI.

El problema es complejo, la desproporcionada ganadería industrial (solo el peso del ganado de cabras es mayor que el peso de toda la masa animal de mamíferos salvajes del planeta) o bien el tráfico ilegal de especies salvajes o bien la destrucción masiva de hábitats que están hiper desarrollando especies, destruyendo sus competidores o depredadores, nos está golpeando como epidemias o pandemias y seguirá haciéndolo mientras no restauremos el frágil equilibrio natural.

Si de algo ha servido tanto dolor y muerte de esta pandemia es que este coronavirus ha puesto en el centro de nuestras vidas los CUIDADOS DE LA SALUD, una hoja de ruta que no debemos perder de vista pasado el confinamiento sanitario.

Inevitablemente si queremos sobrevivir en este planeta, tendremos que REINVENTARNOS, modificando radicalmente nuestra forma de estar y vivir sobre la Tierra.

La nueva normalidad no solo debe ser la de las mascarillas y las distancias, también ha de ser la de otro respirar la vida, otro sentir lo frágiles que son nuestra existencia y sobre todo que el destino de nuestra salud está unida al destino de la salud del planeta mismo.

El parón de actividad económica e industrial, nos ofreció imágenes de satélite que mostraban la extraordinaria mejoría de la calidad del aire tanto en China, Italia como España. En el caso de Canarias según el informe “Efectos del COVID-19 en la calidad del aire urbano en España” de Ecologistas en Acción, en la Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife, disfrutamos de una reducción de gases contaminantes como el NO2 (asociado a las restricciones del transporte por carretera) de un 59% y un 62% respectivamente, respecto a los niveles habituales en estas fechas respecto a los datos de la última década. Además, hemos visto cómo por razones de “fuerza mayor” ha habido cierto consenso en la acción, que sienta precedente como reivindicación para otras causas como el cambio climático, a cuya narrativa la experiencia del COVID-19 viene a enriquecer (de cara en principio para la acción global por el clima que realizará por redes el día 24 de abril). Sin obviar que las razones que han llevado a esta “mejoría” están causando mucho sufrimiento en la población, es interesante apuntar que esta situación de parón, nos ha dado la experiencia de otra posible realidad saludable que debemos tener presente a la hora de “reiniciar” la actividad.

En este océano de incertidumbre que se está convirtiendo el planeta Canarias ha de REINVENTARSE un nuevo archipiélago de certezas.

Para ello para ello es urgente reforma agraria, basada en la soberanía alimentaria. Nuestra factura de las frutas y las verduras es 600 millones de euros al año, sin duda hay de donde ahorrar para reinventarnos. Tenemos 140.000 hectáreas de suelo agrícola en Canarias, a tres empleos por hectáreas dan trabajo a más 250.000 personas.

La implantación masiva de energías endógenas renovables, solo recordar que nuestra factura energética ronda los mil millones de euros. Dinero que se quedaría aquí y creando empleo sostenible.

Nuestros servicios sanitarios están dos puntos debajo de la media europea, no es imposible pensar en mejorar un poco la salud pública, esto crearía hasta 15000 empleos directos.

Solo poniendo los cuidados de la salud en centro de nuestras vidas en toda su dimensión personal, social y ambiental nos salvará a nosotros mismos y el planeta.

Artículo de Eugenio Reyes publicado en el C7, edición impresa, el día 30 de abril de 2020.

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