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El Joker: cuando los chistes te hacen llorar

“No imagino que mi muerte me traiga más dolor que mi vida”. Esta frase aparece casi al comienzo de la película, manuscrita en la libreta que siempre acompañaba a Arthur. El equipo de producción hizo un buen trabajo teniendo para varias de las escenas en las que aparecía esta libreta, versiones de la misma en no imagino cuántos idiomas, pero muchos. Para mí esto no debería ser necesario, al contrario, quizá hasta me moleste un poco. Me hubiera conformado con la versión original con subtítulos de lo escrito, sobre todo, porque en esa versión original me hubiera creído que aquella era la letra de Arthur. La letra de El Joker.
Esa frase no me abandonó durante las dos horas de película. Dos horas en las que casi contuve la respiración todo el tiempo. Reseñar películas no es fácil. Hacer una buena crítica, tampoco. Otra cosa es dar tu opinión (sin spoilers), que es lo que yo hago. Eso puede ser mas fácil, sobre todo porque soy muy selectiva con las películas que voy a ver al cine y no me suelo decepcionar. Esta, no me ha decepcionado. Quizá lo correcto sea decir que Joaquín Phoenix no me ha decepcionado, porque como he leído en otras críticas como un aspecto negativo, la película reposa sobre sus hombros y yo me pregunto qué problema existiría si fuese así. Es cierto que para el cine, para el buen cine, tiene que haber cierto equilibrio entre todos los aspectos y que aquí la fuerza en la interpretación de Joaquín Phoenix, puede que incline más la balanza a su favor pero, ¿no podríamos decir lo mismo de Un tranvía llamado deseo? Sin duda, la película no hubiese sido lo mismo sin Marlon Brando y El Joker tampoco sin Joaquín Phoenix, un Óscar indiscutible.
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Érase una vez en Hollywood

Salí del cine en silencio. Hacía mucho tiempo que no iba. Había pasado tanto frío las últimas veces, que no podía evitar sentir frío cuando decían la palabra cine.
Roscas gigantes para dos horas y media. La emoción de las luces apagándose. Y Tarantino. Me gusta, le admiro pero no soy una fanática que aplaude todo lo que sea que haga.
Y seguía en silencio. No podía dejar de pensar en la película, igual que hace unos días no podía dejar de pensar en el último libro leído de Foenkinos.
Creo que ver películas, series, leer artículos, libros, mantener conversaciones interesantes, nos hace evolucionar. Tengo muchísimos defectos pero cada día reflexiono, por uno u otro motivo, y cada vez me alejo más de los juicios. Los que me leen habitualmente se reirán porque es cierto que mi última etapa ha estado llena de juicios. Pero hace poco algo me llevó a preguntarme quién soy yo para juzgar nada ni a nadie.
Leo recientemente juicios a Tarantino. Le tildan de machista por el tratamiento que hace de la mujer. Porque tiene muchos fetiches con el cuerpo femenino, el principal, los pies. Que puso a Salma Hayek a bailar semidesnuda, ¡contoneando sus curvas! en uno de los bailes más sensuales que he visto en el cine y que intenté imitar sin éxito.
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Suna no Onna o La mujer de arena

Un recuerdo de mi adolescencia cuando venía de vacaciones a casa de mis abuelos, la que fue mi casa de infancia, siempre ha sido la arena. La arena de Las Canteras. La arena de Maspalomas. Tengo una imagen, casi onírica, si cierro los ojos…el calor, mi mano siguiendo los dibujos de las dunas. Mi dedo índice clavándose en la arena, suavemente…me encantaba ver cómo la duna se deshacía…no, cómo se deslizaba, cada grano, despacio. Podía pasar horas así.
Hoy he visto una película, La mujer de la arena o La mujer de las dunas, título original y de no fácil traducción, ¿arena? ¿dunas? Suna no Onna, 1964. Continuar leyendo “Suna no Onna o La mujer de arena”